VALLADOLID: Ocho mil kilómetros cuadrados de Turismo
Castillos, canales, villas romanas, iglesias y gastronomía cultural del pan y el vino…

Los ocho mil kilómetros cuadrados de la provincia de Valladolid son turísticos. Castillos, canales, villas romanas, catedrales, colegiatas, iglesias, conventos, ermitas, monasterios, monumentos civiles y religiosos... se suceden por toda la geografía vallisoletana, desde la Tierra de Pinares a la de los Montes Torozos, desde las llanuras inmensas de Medina del Campo y Nava del Rey a los riscos de Peñafiel y Medina de Rioseco.
Y es que la provincia de Valladolid es un foco de atracción turística en cualquier estación del año. En otoño, el Canal de Castilla evoca el viejo sueño del emperador Carlos V de abrir las entrañas de la Tierra de Campos hasta Santander. Quería que Castilla fuera navegable para llevar el trigo castellano por vía fluvial y luego marítima hasta Flandes, y desde allí traer las sedas y blondas a estos pagos. Y de no haber sido por el ferrocarril, que derrotó a esta magna infraestructura acuífera, el siglo XVIII hubiera significado el gran éxito al esfuerzo castellano de navegar por Castilla. Pero el Canal sigue ahí, con sus esclusas que evocan nostalgia y admiración. Y un barco, el Antonio de Ulloa, de la Diputación provincial, hace navegable el Canal de Castilla para el turismo.
Una hora de barco en otoño, con los álamos verdiamarillos y ocres a cada lado del viajero navegador, recuerda estampas de jardines impresionistas del incomparable periplo. Desde Medina de Rioseco, donde arranca la dársena del Canal de Castilla hasta la primera esclusa, a una decena de kilómetros, cerca de Tamariz de Campos, supone un apacible trayecto de maravilloso contacto con la naturaleza.
Desde tierras medinenses a la Posada del Canal, en Villanueva de San Mancio, cruza el bus turístico entre algún rebaño de ovejas merinas... Rememora la gastronomía vallisoletana, de quesos, corderos y toda clase de alimentos, desde los lomos, chorizos y salchichones a las morcillas. Todo ello acompañado de un buen pan, como se muestra en el Museo del Pan de Mayorga, un enorme edificio dedicado a la didáctica de la historia de la panificación, vista desde los primitivos utensilios hasta los molinos y las últimas máquinas de elaboración.
Y también de magníficos vinos de las Denominaciones de Origen. Precisamente un castillo, el de Peñafiel, es sede del Museo del Vino. A sus faldas se ubica la primera bodega de Ribera de Duero, la de Protos, con los mejores vinos del mundo, magníficamente elaborados.
En las bodegas de Fuensaladaña “La Nieta” y “La Sorbona” corre también en las mesas el vino tinto y el antiguo “clarete” (rosado) para ensalzar el sabor del cordero lechal.
El enoturismo tiene su eco en hotelitos como el Spa Lavida, de Aldeayuso, integrado en el movimiento Slow. Y la cocina tradicional se da la mano con la más moderna en restaurantes vallisoletanos como La Botica, de Matapozuelos, donde los piñones y la piña castellana se desgranan en la cima de la carrillera de ternera con queso, consiguiendo un plato tan exquisito como único. Es tan sublime su sabor como la cocina castellana, con pichones incluidos en la temporada otoñal. Los ofrecen en el restaurante Hotel Vittoria Colonna, de Medina de Rioseco, que sirve también un riquísimo hermanamiento de cecina con gambas al ajillo.
Precisamente en Medina de Rioseco, la ciudad de los Almirantes de Castilla, la iglesia de Santa María y la de Santiago, sede de las Edades del Hombre, emergen del gótico y del renacimiento para los turistas. Lo mismo que esa maravillosa Rúa Mayor de Medina de Rioseco estrechada por largos soportales de gruesos pilares medievales de madera y pilastras graníticas de fachada romana. Por la noche, la luz de los faroles difumina los antiguos comercios y techados de gruesas maderas para retrotraernos a evocadores mercadillos de hace medio milenio.
En contraste con estas reliquias culturales, en Medina de Rioseco se encuentra el Hotel Almirante, un dechado de modernidad, con domótica incluida en las cómodas habitaciones y baños a la usanza de las estancias parisinas de cinco estrellas. Aquí los visitantes de las Edades del Hombre contrastan a tan sólo unos metros de distancia la sobriedad de los pétreos edificios con la paz durmiente de un hotel de lujo.
Precisamente más de una veintena de castillos se alinean de norte a sur y de este a oeste en la provincia de Valladolid, desde el orgulloso y férreo baluarte de La Mota, en Medina del Campo, al de Montealegre, con su enorme bagaje histórico, recordado por una animación digital en su interior. En sus paredes aparece María de Molina, la tres veces reina de Castilla, como explica Justi Tomás, la directora turística de este enclave; el de Peñafiel, sede del Museo del Vino, y el de Urueña, convertida ahora en la Villa del Libro, única de España. En el interior del recinto amurallado se ubican librerías y un singular museo donde se muestran linotipias y antiguas máquinas de componer textos.
Y hablando de textos y legajos, en Villagarcía de Campos se levanta “el escorial vallisoletano”, un monumental monasterio herreriano que muestra la bandera ganada por los cristianos en la batalla de Lepanto. Don Juan de Austria, hermano bastardo de Felipe II, victorioso en esta guerra contra los turcos, entregó la enseña a la Colegiata de San Luis, como valioso recuerdo, para que fuera colocada donde vivió “Jeromín”.
El río Duero acompaña a los turistas por la provincia de Valladolid. En Quintanilla de Onésimo, donde el ex presidente Aznar jugaba al dominó en sus refrescantes veranos presidenciales, se recuerda su estancia. Y la Posada Fuente de la Aceña, un enclave singular con una cocina impresionante, es lugar idóneo para pernoctar y comer en la Ribera de Duero.
Camino de Madrid, en la villa de Olmedo, la del Caballero, las aguas termales se gozan en el lujoso Hotel Balneario. La villa posee el mejor y también único Museo del Mudéjar. Como si fuera una nueva ciudad de Madurodam, Olmedo exhibe edificios mudéjares en miniatura, haciendo las delicias de niños y ancianos.
No lejos de Olmedo, la Villa Romana de Almenara-Puras ofrece el legado que dejaron los romanos en estas tierras castellanas, incluidos magníficos mosaicos y piezas de gran valor histórico. Y por si fuera poco, se representa una velada de los antiguos señores de la finca. En estancias romanas y ¡vestidos de romanos, claro!
Atrás quedan los gratos recuerdos del periplo vallisoletano, explicitado en distintas etapas por importantes interlocutores: el presidente de la Diputación, Jesús Julio Carnero; el diputado de Economía y Turismo de la Diputación Provincial de Valladolid, Castilla y León, Víctor Alonso: la gerente del Patronato de Turismo de la Diputación Provincial, Mónica García; el director de Centros del Museo Provincial del Vino y el CIN de Matallana, Víctor Fernández Ortiz; el director de El Valle de los 6 Sentidos y del Museo del Pan, José Miguel Román Vaquero; el director genreal de Sodeva, Francisco Fuentes; la directora general del Hotel Almirante, Isabel Fernández Casquero; las dos “Victorias” de la Posada Real, la Posada del Canal; el alcalde de Villagarcía de Campos, César Herrero; el administrador, Honorato Vaz; el director de Comunicación de Bodegas Protos, Fernando Villalba; el director general de Castilla Termal, Roberto García, y Olga Salamanca, directora comercial.... la guía Inés Retortillo; Pedro Mencía, director de La Villa del Libro de Urueña y del Museo de las Villas Romanas de Almenara-Puras; Esperanza Serrano, presidenta de la Asociación Alcuino; José Javier Caramazana, panadero del Museo del Pan, de Mayorga.../ CARLOS GARCÍA. LOMEJOR.COM
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