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La variedad cultural y su estratégica situación entre
dos continentes dotan a esta ciudad de un misterioso encanto

Melilla: Exotismo oriental
con sabor occidental

TAMARA GARCÍA MARTÍN

La amurallada Melilla es la antigua Metagonium de los griegos, la Rusaddir de los fenicios y romanos, y la Kelaya de los árabes.

Melilla reúne todo el misterio oriental con un sabor occidental. Es una ventana entre dos continentes, un enclave en el Norte de África desde hace más de 500 años, bañada por el mar Mediterráneo, en la que los viajeros a los que les gusta el sabor de lo inédito encuentran unas vacaciones llenas de exotismo, de variedad cultural y de actividades al aire libre. Desde el encanto de las murallas centenarias de su Ciudadela, hasta la explosión colorista de su arquitectura, con más de 900 edificios modernistas y "Art decó", Melilla ofrece a sus visitantes un sinfín de matices al recorrer sus calles. La presencia del mar y los sabores de las cuatro culturas se muestran en una exquisita gastronomía y en la variedad de costumbres y expresiones artísticas de la ciudad.

Son muchos los atractivos que invitan a conocer la ciudad de Melilla. Desde auténticos tesoros que muestran todo el esplendor de una ciudad que vivió la historia como nexo de unión de dos continentes, hasta las playas de arena fina que unen a Melilla con el mar Mediterráneo.

Durante el día, Melilla es una ciudad alegre, cultural, viva y colorista. Su clima mediterráneo, semiárido asegura una temperatura media en torno a los 18º C durante todo el año. Llegada la noche, Melilla es una ciudad llena de diversión para todas la edades, ya que es posible compartir una velada en los locales más modernos y discotequeros, o en los clásicos pubs donde la charla se extiende hasta sus amplias terrazas.

En Melilla, el mar es protagonista durante todo el año, por lo que entre sus atractivos destacan los deportes náuticos y las actividades al aire libre. Además de ser la anfitriona de la "Semana Náutica Ciudad de Melilla", que se celebra en la primera quincena del mes de agosto, la Ciudad Autónoma es un fantástico puerto para los amantes de la pesca submarina. La costa africana del Mediterráneo es uno de los lugares más bellos donde se puede practicar este deporte, con muchas más especies de peces que en la costa europea. El viento reinante en Melilla es esencial para la pesca. Los aficionados a la pesca submarina encontrarán no sólo especies de meros, abadejos, sarguitos o doradas, sino también una muy buena claridad que permite realizar bellísimas excursiones por los fondos marinos.

La arquitectura de los edificios de Melilla es en sí un gran atractivo turístico.

En la actualidad, el Puerto Deportivo Noray ofrece a los usuarios toda clase de servicios al más alto nivel. Está situado al sur de las instalaciones portuarias y dispone de capacidad para amarrar 339 embarcaciones deportivas y de recreo. Y para los que les gusta el baño tranquilo o las actividades propias de playa, Melilla cuenta con dos kilómetros de costas de arena muy fina, bañada por las seguras aguas del Mediterráneo.

Uno de los máximos exponentes del mestizaje cultural en Melilla es, sin duda, la gastronomía melillense. La cocina mediterránea, la trilogía de pescados, mariscos y moluscos, y las exquisitas comidas de sabores exóticos, con abundantes especias, son sus mejores reclamos.

Los amantes de la aventura y el descubrimiento también encuentran en Melilla un punto de partida ideal para iniciar diferentes rutas de aventura. Una de las excursiones imprescincibles es la que empieza en el Cabo de Tres Focas y Kelaya, península en la que se sitúa el macizo montañoso del Gurugú y la albufera de Mar Chica. En Kelaya hay que visitar las diferentes, pequeñas y luminosas calas, como Tramontana, Puntanegri o Charanen. Unas son calas de finas y doradas arenas, y otras están llenas de restos históricos de las culturas que por allí pasaron, como el Atalayón o Cazaza, donde desembarcó el último Rey de Granada, Boabdil "El Chico".

Siglos de historia

FRANCISCO JAVIER MATEO
Viceconsejero de Turismo

Melilla cuenta con siglos de historia que se reflejan en la riqueza cultural de este enclave milenario. Su ubicación geográfica en el norte de África la convierte en una puerta que se abre para mostrar otras realidades y otros países de este continente, por lo que puede considerarse como el punto de partida de numerosas rutas y expediciones, tanto culturales y arqueológicas, como por la naturaleza del lugar.

Para quienes llegan desde la Península, lo primero que les llama la atención es la mezcla étnica de sus habitantes, que se muestra en sus actividades más cotidianas y, de un modo muy especial, en la convivencia de sus celebraciones religiosas, como la Semana Santa de los cristianos, el Ramadán de los musulmanes, el Januká judío o el Diwali hindú. Cada Comunidad aporta así sus propios matices a la Ciudad Autónoma, dotándola de una magia exclusiva que atrae al viajero, quien puede observar, sin salir de la ciudad, varias realidades sociales.

En poco más de doce kilómetros cuadrados que ocupa su superficie, la magnitud de Melilla se mide por este complejo entramado social que rezuma vitalidad, y por su gente, pacífica y heredera de la sabiduría acumulada durante siglos de convivencia en la diversidad. El melillense es generalmente agradable con los visitantes porque le encanta todo lo que provenga del exterior y le gusta conocer otros usos y costumbres, al mismo tiempo que no dudará en mostrarnos, entusiasmado, los secretos de su ciudad.

Melilla va tomando conciencia de la importancia de sus recursos para un buen desarrollo turístico. Gracias a la incorporación tardía de esta ciudad al fenómeno del turismo, ha permitido que el desarrollo del sector se haga de forma sostenible y con pautas altamente respetuosas con el medio ambiente, por lo que el visitante encontrará en Melilla precisamente esa característica que la distingue de los núcleos turísticos que tuvieron su despegue en la época del boom de los años 60. Melilla evoluciona para ofrecer servicios de calidad sin perder su identidad, sin superar los límites que provocarían una saturación siempre negativa.

Desde estas líneas quisiera aprovechar para dar a conocer la cara amable de una ciudad que afortunadamente cada vez es menos desconocida, y que sorprende gratamente a todo aquel que la visita.

Turismo de Melilla