Sus palacios, casonas, iglesias y conventos forman uno de los conjuntos arquitectónicos más importantes del mundo
Cáceres, un destino monumental
TAMARA GARCÍA MARTÍN
Las torres de los Golfines, de Santa María y de Moctezuma (al fondo), son monumentos que recuerdan la nobleza de Cáceres.
Cáceres es un auténtico museo en sí misma. En sus calles se encuentran restos de todas las épocas de su historia, convirtiendo a la ciudad extremeña en uno de los conjuntos monumentales más importantes del mundo. Palacios, casonas, iglesias y conventos permiten al visitante retroceder en el tiempo y disfrutar del sonido de sus pasos por callejuelas inverosímiles en las que la piedra, las cigüeñas y los vencejos son los verdaderos protagonistas del paisaje.
El recinto amurallado de Cáceres contiene el conjunto de arquitectura civil y religiosa más importante del Renacimiento español que se conserva intacto en nuestros días. La gran mayoría de los edificios civiles y religiosos que componen el casco antiguo de Cáceres data de finales del s. XIV, y especialmente de las reformas, ampliaciones y nuevas construcciones efectuadas durante los siglos XV y XVI. Debido a este esplendor monumental, Cáceres fue declarada Monumento Nacional en 1949 y, en 1986, Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.
En la ciudad de Cáceres se pueden visitar restos de los primeros asentamientos humanos del Paleolítico Superior en la Cueva de Maltravieso, las ruinas del primer asentamiento romano en el campamento de Cáceres el Viejo, sus murallas árabes y el segundo mayor aljibe del mundo, su barrio judío y, fundamentalmente, un conjunto de arquitectura civil y religiosa renacentista único en el mundo por su homogeneidad y estado de conservación. La Cueva de Maltravieso, de 25.000 años de antigüedad, contiene valiosas pinturas rupestres, fundamentalmente de manos en negativo, puntas de flechas y algunos animales.
El renacentista Palacio de Godoy contrasta con el blanco del resto de los edificios.
En el siglo II, los almoárabes arrebataron la ciudad a los cristianos. De esta época se conservan, además de las murallas, algunas torres albarranas como la de Bujaco, la torre de la Yerba y la del Horno. A partir de la incorporación definitiva de la ciudad al reino de León en 1229, se empiezan a construir numerosos palacios y casas solariegas girando en torno a dos núcleos: la Plaza de Santa María y la Plaza de San Mateo, que alcanzarán su mayor esplendor durante los s. XV y XVI, sobretodo con los Reyes Católicos.
La Casa de Carvajal, la Iglesia concatedral de Santa María, el Palacio de Mayorazgo o la Torre de Sande también son buenos ejemplos de las múltiples maravillas arquitectónicas que se esconden en la ciudad.
Los nombres legendarios de los prohombres cacereños quedaron labrados en las pétreas fachadas de sus casas solariegas.
La cocina cacereña es uno de sus mayores reclamos turísticos, que ayuda al cansado viajero a reponer fuerzas. Su gastronomía tiene en el cerdo y sus derivados una de sus principales materias primas. Las recetas de origen pastoril gozan de una gran tradición no sólo en la ciudad sino en toda la provincia. Exquisito es el guiso de caldereta de cordero o cabrito o las migas hechas con chorizo, tocino y pan. Otros platos típicos son las sopas canas (a base de leche, pan, aceite, pimentón y ajo) y la "ropavieja" (carne en salsa con huevo y tomate). Cualquiera de estas especialidades puede ser acompañada con los vinos cacereños protegidos bajo la Denominación de Origen Ribera del Guadiana. A la hora del postre, las opciones pasan por los quesos de oveja, cabra y vaca, así como por la excelente repostería de origen monacal, de la que sobresalen los dulces del convento de San Pablo.
Para conocer Cáceres a fondo, no hay que olvidar dejarse caer por la Plaza Mayor o por cualquier bar de barrio donde se ofrece un surtido delicioso de tapas y buenos vinos de la tierra. Y para seguir con la fiesta a horas más avanzadas de la noche, lo mejor es desplazarse hasta la zona de la Plaza Mayor y Pizarro. Cuando entra la madrugada, los pubs de la Madrila cogen el relevo a la marcha nocturna cacereña.
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Cáceres se siente Extremadura JOSÉ MARÍA SAPONI MENDO Alcalde de Cáceres
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Hace unos días, el pasado 8 de septiembre, la ciudad de Cáceres se convertía en el escenario elegido para celebrar uno de los actos más emotivos en relación al Día de Extremadura. El Día de todos los extremeños. Como Alcalde agradecía entonces la elección, a mi juicio acertada, que se ha hecho en esta ocasión para que Cáceres se convirtiera, por este año, en la protagonista de esta celebración regional. Sin duda, Cáceres es Extremadura, Cáceres se siente Extremadura y forma parte de ese proyecto común que es Extremadura.
Desde la ciudad de Cáceres, romana y almohade, mudéjar y judía, renacentista y americana, ibérica, europea y del mundo, deseábamos que esa jornada festiva sirviera para afirmar especialmente lo que ha de ser una constante diaria; la búsqueda de nuestra identidad como extremeños, sin exclusiones ni imposiciones con otros pueblos, razas, credos o lenguas. Y más si cabe desde una tierra de migraciones que ahora lo es también de hospitalaria acogida, y que no olvidará nunca a quienes ya no viven o están con nosotros, en el tiempo o el espacio, porque siempre tendremos una deuda impagable por sus esfuerzos y sacrificios.
Como ciudad integrada en el conjunto de la Comunidad extremeña, y por ser una de las ciudades más representativas y significativas de la Región, Cáceres ha contribuido fehacientemente a equilibrar esa evolución de Extremadura y quiere seguir haciéndolo desde su posición como una de las principales capitales de provincia de la Región.
La imagen que Cáceres está ofreciendo al mundo es la de una ciudad renovada, de una comunidad conformada en el resto del territorio español, y con personalidad propia.
Afortunadamente y gracias al esfuerzo común de cada uno de los extremeños, las ciudades que conforman esta Comunidad han experimentado un cambio significativo. Hemos avanzado. A Cáceres se la conoce por ser una ciudad Patrimonio de la Humanidad cuando se cumplen ahora 20 años de su designación por la UNESCO, en el año 1986, pero también por ser una ciudad atractiva, de servicios, acogedora y en desarrollo. Cáceres parte de sus raíces y su historia para exhibirse y darse a conocer en la actualidad. No podría entenderse el presente y el futuro de nuestras ciudades sin escuchar al pasado.
Cáceres ha apostado fuerte por que se la conozca más allá de sus propias fronteras, sin olvidar nunca el referente regional del que forman parte muchos hombres y mujeres que desde sus diferentes posiciones están favoreciendo cada día la realidad extremeña.
Y precisamente en tan señalada fecha, el mensaje sobre la integración de Cáceres y los cacereños en el proyecto de desarrollo y modernización que supone Extremadura parece que ha sido asimilado dentro de un contexto regional importante. Ahora más que nunca, es tiempo de avanzar y de ir dando pasos firmes. Cáceres como capital cultural y turística ha decidido completar las distintas visiones que Europa concibe desde fuera sobre la Región. Y por ese motivo, entre otros, ha decidido trabajar decididamente por convertirse en el 2016, en Ciudad Europea de la Cultura.
Cáceres Ciudad Europea de la Cultura en el año 2016, un proyecto de todos los Extremeños, engloba y representa la ilusión y el compromiso en el que Cáceres, y Extremadura, están embarcados en estos momentos. Sin duda, el 2006 refleja y simboliza una importante fecha de la que partimos convencidos de poder lograr, estoy seguro, esa designación como Capital Europea de la Cultura en el año 2016. Es sólo una cuestión de convencimiento personal y colectivo. Debemos creer en este proyecto para que se convierta en realidad. |
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