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Columna de Invitados

Estalagem Santa Catarina
(Miranda do Douro. Portugal):

Bacalao y ternera mirandesa

KARLOS DIUK

José Alvez, el maître que lleva treinta años recomendando las buenas viandas en el restaurante Estalagem Santa Catarina./ Carlos García.

Encaramado en lo alto de una de las profundas orillas cortadas de los Arribes del Duero, en la margen derecha del río que cruza de España a Portugal por la antigua frontera natural que tanto benefició y perjudicó a los españoles y portugueses, se encuentra una de las joyas hoteleras y gastronómicas ibéricas. Se trata de la antigua posada o parador de Santa Catalina, denominado en portugués Estalagem Santa Catarina. Es un coqueto hotelito con hermosísimas vistas al desfiladero que desde hace millones de años trazó el Duero en su cortada cuenca antes de recorrer el camino hacia su desembocadura en Oporto. Aquí, en este establecimiento de Miranda do Douro (Portugal) se contemplan bellas vistas de parte de esos tres kilómetros de desfiladero que embelesan a los turistas. A las 12 habitaciones (tres de ellas suites) con magníficas panorámicas se une el comedor, con una terraza al Duero, para gozar aún más de una exquisita cocina. José Alvez, el maître, lleva treinta años recomendando las buenas viandas de la zona. En primer lugar, como no podía ser menos, el bacalao, un plato en el que son expertos los portugueses y que aquí se pone de diversas maneras: encebollado, con pan de centeno, el bacalao dourao (con huevo y patatas paja), con chorizo, a la brasa... Y como carne, la ternera mirandesa, de raza certificada, autóctona y silimar a la magnífica de Aliste que se degusta en la vecina zona de Zamora. Todo ello regado con vinos locales, tan desconocidos como exquisitos, la "lingua mirandesa", blaco y tino, de garrafairas particulares, con trece grados, además de los malvasías blancos y tourigas. También se recomienda el bastardo tinto y el moscatel blanco. Y existe un "verdello", tinto, blanco y dulce, para acompañar a los postres. En Miranda do Douro las tartas de chocolate y los bollos de nueces son típicos. Además las hay de coco y almendra, exquisitas. Y si se prefiere fruta existe todo un abanico de piezas de temporada, maduras y frescas, portuguesas e importadas, desde el mango a la piña.

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