La seriedad y la planificación son, a juicio del Partido Popular, dos de los parámetros en los que debe moverse la actuación de un partido que busca mejorar el bienestar de los ciudadanos. No es digno de un país desarrollado como el nuestro, y tampoco de una Comunidad Autónoma como Aragón, hacer una política de "fontanería rápida" como la que hace el Partido Socialista, de "tapar agujeros" para salir del paso hoy, sin preocuparnos lo que pueda ocurrir mañana.
El Partido Popular, consciente de ello, delimita claramente cinco grandes espacios de actuación de los que colgar un buen número de medidas concretas, y el primer gran espacio de actuación es la defensa de nuestra dignidad como aragoneses, porque sin superar nuestros complejos, difícilmente abordaremos con éxito los retos de nuestra Comunidad. Creo firmemente que el cuidado de esa autoestima es lo que hará que Aragón venza ante situaciones conflictivas, como las producidas con los bienes eclesiásticos o con el Archivo de la Corona. Tenemos reconocida la razón en ambos casos, y nuestra dignidad como Comunidad Autónoma estriba precisamente en hacer valer esa razón. No se puede mirar hacia otro lado cuando se producen este tipo de agravios. El segundo gran espacio donde actuar es en el conjunto del territorio, en su vertebración. El desequilibrio territorial no es un invento, es una amenaza real y constante, y una Administración responsable tiene la obligación de corregir ese desajuste que lastra de una manera tremenda a Aragón.
Esa es una de mis obsesiones en política: corregir el desequilibrio cada vez mayor que existe entre los pequeños municipios y las grandes capitales. Porque sin un mundo rural fuerte el futuro de la sociedad aragonesa no existe y, por lo tanto, creo que es preciso un esfuerzo especial que compense la situación actual de grave desequilibrio.
En este sentido, junto al aprovechamiento integral de todo el enorme potencial turístico, cultural, medioambiental, etc., que tiene Aragón, habrá que apostar por una agricultura moderna y competitiva alejada de los viejos cánones y enfocada a hacer de la agroindustria uno de los pilares del desarrollo socioeconómico de nuestro medio rural. Igualmente, las infraestructuras de comunicaciones externas e internas, son la principal opción para situar a nuestras comarcas a competir en igualdad de condiciones con otras comunidades mejor comunicadas. He hablado de dignidad, de igualdad de oportunidades, y quería referirme ahora al tercer eje fundamental que defiendo para Aragón, la ciudad de Zaragoza, que tiene que experimentar un cambio fundamental, no sólo física, sino conceptualmente. Tiene la responsabilidad de ser la locomotora de Aragón. Si Zaragoza crece, Aragón debe crecer. Si Zaragoza crece, Huesca y Teruel también deben crecen.
El cuarto aspecto que conforma ese Aragón deseable que estoy intentando esbozar en esta intervención, son las apuestas estratégicas que precisamos para el futuro. Una de las claves del crecimiento de España es la solidaridad interterritorial. Desde hace años he sido un firme defensor de la Ebrorregión. Un escenario de oportunidades olvidado hasta ahora. El quinto y ultimo pilar de mí propuesta programática consiste en dotarnos de unos servicios públicos esenciales de calidad. Fundamentalmente la educación, la sanidad y los servicios sociales.
El Gobierno tiene un papel esencial, una responsabilidad primordial que cumplir, invirtiendo sus esfuerzos en formar a los aragoneses. De la cualificación de los jóvenes dependerán sus posibilidades de empleo; y la calidad de éste influirá notablemente sobre nuestra autoestima y nuestro nivel de vida.
Puerta de la
fortaleza del Palacio de la Aljafería.