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Aragón es tierra de paisajes excepcionales, de grandes contrastes y ecosistemas muy diversos, que convierten a esta Comunidad en una región privilegiada por sus espacios naturales. Su patrimonio cultural e histórico es uno de los de mayor riqueza, pues es un mosaico de parajes, culturas y pueblos de excepcional belleza. Todos los estilos artísticos están bien representados en los espléndidos monumentos que conserva Aragón, incluyendo su arte mudéjar, declarado Patrimonio de la Humanidad. En Aragón, todos los caminos conducen a parajes hermosos y sorprendentes. Montañas, valles y ríos conviven con desiertos, estepas y frondosas huertas donde habita una rica y variada flora y fauna, conformando paisajes muy diferentes llenos de vida. Parques Nacionales, Culturales, Naturales, refugios de fauna, reservas naturales y muchos otros espacios, merecen una visita. De gran belleza es, sin duda, el extenso valle de Tena que, excavado en el corazón del Pirineo, está rodeado de altas cumbres como Collarada de 2.888 metros o el Anayet de 2.559 metros. Aquí, la erosión glaciar ha esculpido un escarpado relieve de profundos valles de inigualable belleza, que cobijan fuentes termales que dan lugar al balneario de Panticosa. Ordesa es un espectacular valle glaciar con una orografía dominada por el Macizo de Monte Perdido y rodeado de fajas rocosas como Pelay, Carriata, Cotatuero, Gallinero... Declarado Parque Nacional en 1918 con una extensión de 2.000 ha, fue ampliado en 1982 hasta alcanzar las más de 15.000 ha del actual Parque Nacional de Ordesa y Monter Perdido, uno de los más importanes de Europa y con una de las montañas calizas más altas del continente. Considerada ya como una montaña mágica por Celtas, romanos árabes y crinstianos, el Moncayo es uno de los enclaves naturales más importantes de Aragón. Con sus 2.316 m. domina un extenso territorio y es la máxima elevación del Sistema Ibérico. Su altitud y brusco desnivel favorecen la existencia de una gran diversidad ecológica que abarca desde restos de glaciares en la cumbre hasta frondosos bosques de haya, robledal húmedo, restos de encinares y pinares de pino silvestre y negro. Las principales rutas de acceso al Parque Natural de la Dehesa del Moncayo parten de Tarazona, San Martín de Moncayo y el magnífico Monasterio cisterciense de Veruela. Desde el Mirador de la Diezma se puede admirar la panorámica más completa de la vertiene norte del Moncayo. También la cumbre es un excelente mirador desde el que, en los días claros, se pueden divisar los Pirineos, las sierras noroccidentales de la Ibérica, las altiplanicies castellanas y las grandes llanuras de la depresión del Ebro.
El Ebro es capaz de formar verdaderas maravillas que se quedan prendidas en la retina de cualquier visitante. En el tramo medio del valle del río, a pocos kilómetros de la ciudad de Zaragoza, existen varios galachos que se han convertido en espacios naturales privilegiados donde habitan multitud de especies animales y vegetales. Son antiguos brazos del río que, merced a las crecidas, quedaron aislados del cauce convirtiéndose en lagunas. La progresiva regulación del Ebro y sus afluentes ha hecho que el fenómeno natural de las crecidas sea algo imposible de repetir, lo que convierte a los galachos del Ebro en auténticas reliquias. El gran embalse del Ebro también denominado "Mar de Aragón", se extiende a lo largo de 100 kilómetros, por la zona central de las comarcas de Caspe y Bajo Cinca dando origen a más de 500 km. de costas interiores. El embalse es una sucesión de profundos meandros con nombres caprichosos: La Tumba, la Herradura, la Parra, que anegan los barrancos de las sierras vecinas solitarias y despobladas. Posee zonas de singular belleza aptas para la navegación, y una gran y variada riqueza piscícola. Paraíso de aves acuáticas en sus zonas más solitarias es también lugar privilegiado para la práctica de deportes náuticos y la pesca, gracias a sus excelentes condiciones tanto paisajísticas como climáticas. Las sierras de Albarracín, Jabalón, y Carbonera constituyen, junto con los Montes Universales, un gran macizo de la Ibérica situado al oeste de Teruel. Territorio de gran altitud media y clima lluvioso que condiciona una vegetación de verdes prados, pinares de varias especies, sabina albar, robles y arces. Las cumbres de la sierras, de suaves formas, no impiden la presencia de profundos barrancos como el excavado por el Guadalaviar entre la población del mismo nombre y Villar del Cobo. El único espacio natural protegido de la comarca es el Paisaje de los Pinares del Ródeno. Entre los términos municipales de Albarracín, localidad de singular belleza, Bezas y Gea de Albarracín, se encuentra un extenso pinar sobre curiosas formaciones de areniscas rojizas del Triásico que, moldeadas por el agua y el viento en caprichosas formas, dan lugar a la unidad paisajística más representativa de esta zona. Los contrastes cromáticos entre el verde del pinar y el rojo de las areniscas crean un espacio intenso de gran colorido, originalidad, fuerza y belleza.
Además de los magníficos espacios naturales, numerosos yacimientos arqueológicos albergan también un rico patrimonio de los diferentes pueblos que han habitado a lo largo de la historia en la Región, ya que Aragón ha sido durante siglos asentamiento de muchas culturas que legaron un rico y variado patrimonio artístico y cultural. Se pueden contemplar restos de diferentes etapas: monumentos megalíticos, pinturas rupestres (de la época prehistórica) y poblados ibéricos. Más tarde Roma dejó su sólida impronta arquitectónica de muy diversas formas, como se aprecia en los puentes bien conservados, grandes obras hidráulicas, bellos mausoleos o sólidas murallas defensivas como las de Zaragoza. La huella del Islam también es patente en Aragón y, de forma singular, se puede admirar en el magnífico palacio de la Aljafería de la capital aragonesa. La arquitectura mudéjar es la aportación aragonesa al arte universal. Este arte, un estilo nacido de la convivencia de tres culturas diferentes, la cristiana, la islámica y la judía, alcanza su máxima expresión en Teruel, en cuyas calles sigue vivo el espíritu de los alarifes mudéjares, que realizaron bellos trabajos en ladrillo y cerámica. Este arte universal recibió de la Unesco el calificativo de Patrimonio de la Humanidad.
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