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Con veintitrés mil habitantes, Calatayud es la cuarta ciudad de Aragón, después de las tres capitales de provincia. Se encuentra situada en un punto estratégico de la Comunidad, ya que dista sólo 75 kilómetros de Zaragoza y está comunicada por autovía y autopista con Madrid y Barcelona respectivamente. Cuenta con numerosos monumentos civiles y religiosos que la hacen destacar por su interés histórico-artístico. Entre ellos, hay que mencionar las torres mudéjares de Santa María la Mayor y San Andrés y el conjunto fortificado islámico, construcción documentada en el año 862, que es el más antiguo conservado de época medieval en toda la Península. Sin embargo, la visita a Calatayud puede despertar nuestro interés por otros atractivos como son sus fiestas populares y su exquisita gastronomía. La fiesta más conocida es la de San Roque, que se celebra los días 15 y 16 de agosto, y en la que se dan cita charangas, vaquillas, encierros y la romería nocturna hasta la ermita del santo. En cuanto a los placeres culinarios, en Calatayud son típicos los garbanzos con congrio (conocidos como garbanzos a la bilbilitana) y, sobre todo, el ternasco de Calatayud, sazonado con laurel tomillo y ajo y patatas. Y si todos estos alicientes no fueran suficientes para la visita del exigente turista, la comarca de Calatayud cuenta además con algunos de los puntos de mayor interés turístico de todo Aragón. Ejemplo de ello son el Monasterio de Piedra, mezcla perfecta de historia, naturaleza y arte, los balnearios de Alhama de Aragón o el castillo de Cetina. Para acoger a todos los recién llegados, Calatayud cuenta con una extensa oferta hotelera y de restaurantes que, de seguro, sabrán responder a las demandas de todo tipo de turistas, visitantes y vecinos. La ruta urbana de Calatayud es particularmente rica en monumentos religiosos y civiles. El patrimonio, que sufrió durante el siglo XIX las agresiones de un desarrollismo desquiciado, es actualmente motivo de constantes preocupaciones y atenciones por parte de las ciudadanos y sus representantes electos. En los últimos años del siglo XX han sido muchos los edificios restaurados o salvados de la ruina y otros están en recuperación.
El turismo puede iniciar su camino desde la Plaza del Fuerte, amplia y céntrica, rodeada de plátanos casi centenarios a las calles que llevan a los más bellos rincones del casco antiguo. Como la iglesia de San Juan el Real, edificada en el siglo XVII por la Compañía de Jesús, una muestra notable del estilo constructivo y decorativo utilizado por los jesuitas (barroco jesuítico). Las pechinas de la cúpula, que representan a los cuatro Padres de la Iglesia, son obra temprana del genial pintor aragonés Francisco de Goya. También se deben a la Compañía de Jesús, los edificios cercanos a la iglesia de San Juan: el antiguo Colegio de las Jesuitas (siglo XVIII), en el que fue alumno y profesor el insigne escritor Baltasar Gracián, y actual sede de la Universidad Nacional de Educación a Distancia. Frente a él, recientemente restaurado y destinado a albergar los juzgados, se halla el antiguo Seminario de Nobles, construido en el siglo XVIII. El Palacio de la Comunidad (siglo XIX) contiene actualmente el Museo Arqueológico, con piezas de las épocas celtibérica y romana. Entre los elementos curiosos se halla un conjunto de útiles de escritura similares a los que usó Marco Valerio Marcial, el célebre epigramista bilbilitano, de universal prestigio, traducido a un sinfín de idiomas a partir de los originales latinos. La puerta de Terrer, flanqueada por dos torreones, se edificó a finales del siglo XVI. Sede del Centro de Estudios Bilbilitanos y fue uno de los cuatro accesos a la ciudad. Restaurada durante el último año del siglo XX, es la sede del Centro de Estudios Bilbilitanos, posiblemente la entidad cultural más destacada de Calatayud. Junto a la puerta de Terrer se halla, lejos de su emplazamiento original, la Fuente de los Ocho Caños, que sirvió para suministrar agua potable a la ciudad. Construido sobre el solar de un antiguo castillo, el santuario de Nuestra Señora de la Peña alberga a la patrona de la ciudad, representada por una réplica de la imagen hallada durante la Reconquista aragonesa y destruida por el fuego en pleno siglo XX. Situada en la antigua Judería, la iglesia dedicada a Nuestra Señora de Consolación conserva diversos restos de la Sinagoga Mayor. Como uno de los más importantes templos del mudéjar sobresale la colegiata de Santa María la Mayor, anunciada por una torre de planta octogonal y 68 metros de altura, construida entre los siglos XV y XVII. La portada, tallada en alabastro por Juan de Talavera y Esteban de Obray, data del año 1528. En el interior del templo destacan el coro central, el retablo mayor y las diversas capillas, como las dedicadas a San Joaquín, coronada por una hermosa cúpula, y la dedicada al Virgen Blanca. El órgano conserva intactos la imagen y los sonidos del barroco. Muy cerca de Santa María la Mayor existe un genuino ejemplar del Renacimiento Aragonés: el palacio de los Pujadas de Vezlope. A su lado se levanta el Palacio Episcopal, de estilo Neoclásico, del siglo XIX. Otra torre mudéjar de gran belleza señala el emplazamiento de la iglesia de San Andrés. Coronando el barrio judío se alza el castillo de doña Martina o don Álvaro, amplio, construido con muros de sillería.Este castillo se unía, por medio de largos puños de murallas, con los cuatro restantes del castillo de la Peña, el de la Torre Mocha, el del Reloj y, en la parte más alta, el Castillo Mayor, conocido como castillo de Ayub o Plaza de Armas. Es de planta rectangular, con dos torreones, símbolo de Calatayud. Hacia el Este, siguiendo la muralla, se levanta una torre albarrana de notables dimensiones y el arco de herradura, del 862. El Mesón de la Dolores, antigua posada de San Antón, es la típica hospedería aragonesa del siglo XIX. con un hermoso patio e interesante bodega.
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