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Conserva el tesoro milenario en sus calles, desde el esplendor de la íbera Olscan a los restos de un Estado romano

Huesca: La capital de Quinto Sertorio

CARLOS GARCÍA

La gótica catedral de Huesca eleva sus agujas al límpido cielo y muestra en su interior un retablo renacentista de gran valor.

Huesca, capital del Alto Aragón, es una pequeña urbe con todos los servicios y equipamientos para procurar una estancia agradable y diversa. Conserva el tesoro de su historia milenaria. De su esplendor habla la íbera Olscan o Bolscan, sobre el actual Casco Antiguo, que acuñó las monedas con el jinete que es escudo oscense, y la romana Osca, cuna de San Lorenzo y capital del Estado de Quinto Sertorio, que alumbró la primera "Universidad". Las estrechas calles, entre murallas, dan idea de aquel trazado urbano.  

Los visigodos, de escasa huella, fueron dominados por los musulmanes, que levantaron las actuales murallas, hostigados por guerreros del norte, como Roldán, cuyo "salto" preside la Hoya. El pirenaico Aragón asedió Wasqa hasta rendirla con "ayuda" de San Jorge. La ciudad medieval fue corte real en el palacio (hoy Museo) donde "sonó" la famosa Campana de Huesca, cuyo protagonista fue Ramiro el Monje.

Al tiempo que se construía la Catedral, fue creada la Universidad de Huesca (1354, suprimida en 1845) en época de epidemias y milagros (Santo Cristo). Recobrada la pujanza oscense, se construyeron grandes edificios: Ayuntamiento, San Lorenzo, San Vicente, Santo Domingo,? Del XVII conserva el legado de los Lastanosa, mecenas de Baltasar Gracián, hace 400 años.

En el XIX, Huesca se convirtió en capital provincial y se abrió al progreso del ferrocarril nacional (1864) y luego internacional (Canfranc,1928) hasta alcanzar un siglo XX que definió la actual ciudad: Coso, Porches, Casino? En Huesca se pueden hallar muestras artísticas de todas las épocas y estilos: románico en San Pedro el Viejo y San Miguel; gótico en la Catedral; renacentista en su retablo y en el Ayuntamiento; barroco en Santo Domingo o San Lorenzo; edificios modernistas, como el Casino y la Diputación Provincial. También hay museos como el Arqueológico provincial. Incluso al aire libre, como en el Parque donde se hallan esculturas de Coscolla o Ramón Acín, cuyas Pajaritas son el emblema de Huesca. En torno a la ciudad existe una red de senderos para recorrer a pie o en bicicleta, hermosas ermitas (San Jorge, Salas, Cillas, Jara, Santa Lucía, Loreto?), fuentes, albercas, y el gran castillo de Montearagón. Y en la comarca de la Hoya, siempre a menos de treinta minutos del centro de la ciudad encontramos el castillo de Loarre, la fortaleza románica mejor conservada de Europa; los Mallos de Riglos y Agüero; el monasterio de Casbas; y un sinfín de pueblos con encanto e historia.

Los patios, con las columnas y las amplias escaleras, ofrecen el esplendor del arte.

Poder jugar al golf, en Arascués-Nueno; volar en velero o avioneta, en Monflorite-Alcalá; practicar el windsurf, en Arguis y Tormos; descender ríos en canoa o rafting, en el Gállego; hacer puenting, pasear a caballo, o incluso en camello, en Tardienta; escalar en Vadiello; volar en parapente; descender barrancos..., todo tiene cabida en Huesca.

En una hora se llega a las pistas de esquí de Formigal, Panticosa, Astún, Candanchú o Cerler, y a toda la riqueza ambiental e histórica de las comarcas y condados del viejo Reino de Aragón, para visitar el Parque Nacional de Ordesa, el Valle de Ansó y Hecho, el Valle de Tena, de Benasque, el Somontano, observar las bellezas de las cimas pirenaicas, el arte del Serrablo, Sobrarbe y Ribagorza y la joya oculta de los Monegros.

Entre los platos locales destacan las migas a la pastora, sopa oscense o de ajo, ensaladas, legumbres o verduras, el salmorrejo, el pollo a lo chilindrón, la trucha o el bacalao ajoarriero, el ternasco asado o en chuletas, el cordero a la pastora, la caza, las chiretas y variados embutidos o morcillas y tortetas. Y los vinos del Somontano para acompañar las viandas y los quesos, longaniza. También son famosas la miel, trufas, setas, frutas, aceite, almendras.

Un futuro envidiable

FERNANDO ELBOJ BROTO
Alcalde de Huesca.

Situados sobre el horizonte de esta primera década del siglo XXI, Huesca aborda, y con ella el Alto Aragón en general, unas perspectivas de futuro que no creo pecar de optimista si las califico de envidiables. Los proyectos de desarrollo y creación -de cualquier índole- se acumulan, con los ciudadanos como testigos, en sus diferentes fases de evolución. Me gustaría nombrar algunos de ellos:

La Plataforma Logística Huesca Sur, auspiciada por el Gobierno de Aragón, va tomando forma y sitúa a Huesca en el plano de los ejes logísticos, haciendo de la capital del Alto Aragón un punto referente a la hora de hablar de vertebración del noreste peninsular. El capítulo comunicaciones va a contribuir también de forma importante a dinamizar la situación de Huesca en relación a su entorno geográfico en un momento histórico de cambio en el que las distancias menguan y la circulación de mercancías y personas se revela fundamental a la hora de no perder el tren de los nuevos tiempos: El eje Pamplona-Huesca-Lérida y el desarrollo de la autopista Mudéjar A-23 trazan una cruz que sitúa a Huesca en una posición harto favorable, sin contar la inauguración del aeropuerto Huesca Pirineos, susceptible de convertirse en rampa de lanzamiento de la provincia a un nivel más amplio del normalmente ambicionado. Por último, destacar el papel desempeñado por la Alta Velocidad para acercar Huesca como destino turístico a tantos y tantos viajeros susceptibles de visitarnos.

Centrándonos en la propia ciudad, el nuevo Palacio de Congresos y Exposiciones significa una apuesta importante de cara a la actividad económica de una urbe que se quiere abierta y poco respetuosa de los límites.

Huesca crece. Nuevos polígonos residenciales, bien dotados de servicios y con una importante oferta de Vivienda de Protección Oficial, pretenden dar respuesta a las demandas de los ciudadanos, en un momento en que la ciudad se asienta por primera vez en el umbral de los 50.000 habitantes. Dos nuevos parques, Universidad y Padre Querbes, y numerosas zonas verdes hacen de esta urbe un lugar más agradable, pensado a la medida del hombre y con vocación de ciudad universitaria, como atestigua el nuevo campus a orillas del río Isuela. La oferta cultural parece empeñarse en no respetar la medida que el número de habitantes debería sugerir: El Festival de Cine, la Feria de Teatro y Danza de otoño, el Festival de nuevas tendencias Periferias... hablan por sí solos de una ciudad en la que artistas y creadores trabajan sin complejos, mirando hacia referencias cada vez más universales.

¿Qué más decir? Me siento orgulloso de participar de forma decisiva en la evolución de mi ciudad, consciente de que es el trabajo de muchos lo que nos ha situado en lo que, vuelvo a repetir, se revela como una perspectiva envidiable.

 

Huesca

   

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