Huesca, capital del Alto Aragón, es una pequeña urbe con todos los servicios y equipamientos para procurar una estancia agradable y diversa. Conserva el tesoro de su historia milenaria. De su esplendor habla la íbera Olscan o Bolscan, sobre el actual Casco Antiguo, que acuñó las monedas con el jinete que es escudo oscense, y la romana Osca, cuna de San Lorenzo y capital del Estado de Quinto Sertorio, que alumbró la primera "Universidad". Las estrechas calles, entre murallas, dan idea de aquel trazado urbano.
Los visigodos, de escasa huella, fueron dominados por los musulmanes, que levantaron las actuales murallas, hostigados por guerreros del norte, como Roldán, cuyo "salto" preside la Hoya. El pirenaico Aragón asedió Wasqa hasta rendirla con "ayuda" de San Jorge. La ciudad medieval fue corte real en el palacio (hoy Museo) donde "sonó" la famosa Campana de Huesca, cuyo protagonista fue Ramiro el Monje.
Al tiempo que se construía la Catedral, fue creada la Universidad de Huesca (1354, suprimida en 1845) en época de epidemias y milagros (Santo Cristo). Recobrada la pujanza oscense, se construyeron grandes edificios: Ayuntamiento, San Lorenzo, San Vicente, Santo Domingo,? Del XVII conserva el legado de los Lastanosa, mecenas de Baltasar Gracián, hace 400 años.
En el XIX, Huesca se convirtió en capital provincial y se abrió al progreso del ferrocarril nacional (1864) y luego internacional (Canfranc,1928) hasta alcanzar un siglo XX que definió la actual ciudad: Coso, Porches, Casino? En Huesca se pueden hallar muestras artísticas de todas las épocas y estilos: románico en San Pedro el Viejo y San Miguel; gótico en la Catedral; renacentista en su retablo y en el Ayuntamiento; barroco en Santo Domingo o San Lorenzo; edificios modernistas, como el Casino y la Diputación Provincial. También hay museos como el Arqueológico provincial. Incluso al aire libre, como en el Parque donde se hallan esculturas de Coscolla o Ramón Acín, cuyas Pajaritas son el emblema de Huesca. En torno a la ciudad existe una red de senderos para recorrer a pie o en bicicleta, hermosas ermitas (San Jorge, Salas, Cillas, Jara, Santa Lucía, Loreto?), fuentes, albercas, y el gran castillo de Montearagón. Y en la comarca de la Hoya, siempre a menos de treinta minutos del centro de la ciudad encontramos el castillo de Loarre, la fortaleza románica mejor conservada de Europa; los Mallos de Riglos y Agüero; el monasterio de Casbas; y un sinfín de pueblos con encanto e historia.
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Los patios, con las columnas y las amplias escaleras, ofrecen el esplendor del arte.
Poder jugar al golf, en Arascués-Nueno; volar en velero o avioneta, en Monflorite-Alcalá; practicar el windsurf, en Arguis y Tormos; descender ríos en canoa o rafting, en el Gállego; hacer puenting, pasear a caballo, o incluso en camello, en Tardienta; escalar en Vadiello; volar en parapente; descender barrancos..., todo tiene cabida en Huesca.
En una hora se llega a las pistas de esquí de Formigal, Panticosa, Astún, Candanchú o Cerler, y a toda la riqueza ambiental e histórica de las comarcas y condados del viejo Reino de Aragón, para visitar el Parque Nacional de Ordesa, el Valle de Ansó y Hecho, el Valle de Tena, de Benasque, el Somontano, observar las bellezas de las cimas pirenaicas, el arte del Serrablo, Sobrarbe y Ribagorza y la joya oculta de los Monegros.
Entre los platos locales destacan las migas a la pastora, sopa oscense o de ajo, ensaladas, legumbres o verduras, el salmorrejo, el pollo a lo chilindrón, la trucha o el bacalao ajoarriero, el ternasco asado o en chuletas, el cordero a la pastora, la caza, las chiretas y variados embutidos o morcillas y tortetas. Y los vinos del Somontano para acompañar las viandas y los quesos, longaniza. También son famosas la miel, trufas, setas, frutas, aceite, almendras.