El Palacio Real exhibe 54 cuadros del museo italiano, de Tiziano, El Greco, Ribera, Mantenga y Van Dyck
Capodimonte se muestra en Madrid
JOSÉ LUIS MARTÍN
Fernando IV a caballo con su Corte, óleo sobre lienzo de Antonio Joli donde se observa una peculiar vista de Capodimonte y Nápoles.
Cincuenta y cuatro pinturas del Museo de Capodimonte, seleccionadas por su director y comisario Incola Spinosa, se exponen bajo el título de "Obras Maestras del Museo de Capodimonte" en el Palacio Real de Madrid del 29 de septiembre al 10 de diciembre. La exposición se inscribe en el interés de Patrimonio Nacional por mostrar al gran público obras de primera calidad que tienen conexión con su historia. Esta muestra se realiza en colaboración con el Museo de Capodimonte y con Caja Duero quien ha tenido el acierto de conmemorar su 125 aniversario con este proyecto cultural.
La muestra recoge artistas paradigmáticos como Mantenga, Tiziano, El Greco, Van Dyck o José de Ribera. En ella encontramos la convivencia entre la pintura y la poesía, la pintura y la vida. Están presentes el hortus inclusus y la urbe, la naturaleza y las vivencias de interiores humanizados. Escenas representativas de la mitológica clásica y pasajes de la Historia Sagrada se nos ofrecen junto con retratos, crónicas de la vida social y naturalezas. Se trata de cuatro siglos recordados mediante obras de espléndidos matices, que resumen decisiones políticas o religiosas, tendencias artísticas y un sinfín de simbologías. Historias también de mecenas, monarcas y familias.
"Sagrada Familia con San Juan Bautista niño", llamada la "Vírgen del Paisaje", óleo sobre tabla de Rafael y Giovan Francesco Penni.
Entre las obras que se pueden admirar hay piezas únicas como "Muchacho con un tizón" (El soplo) que El Greco pintó durante su estancia en Roma en 1570-1572. La muestra ocupa las siete salas destinadas a exposiciones del Palacio Real, distribuidas en otras tantas secciones. El recorrido comienza con un paseo por "La ciudad y la corte", donde se da la bienvenida a los visitantes con una selección de cuadros de escenas urbanas napolitanas y retratos reales de los Borbones. El recorrido continúa con la pintura italiana del Cuatroccento y Cinquecento, donde se encontran cuadros como "Santa Eufemia", la obra de juventud de Mantegna. Las siguientes salas están dedicadas a la escuela boloñesa, la escuela italiana de los siglos XVII y XVIII, y a los pintores extranjeros en Italia, con piezas pintadas durante su residencia en el país o encargadas a los artistas, como "cristo crucificado" de Van Dyck. La muestra concluye con las salas dedicadas a la pintura napolitana, diferenciando las primeras décadas del siglo XVII, la edad de oro del Naturalismo napolitano, con piezas como "San Sebastián" de José Ribera, y el Barroco napolitano con varias piezas de Luca Giordano, como "El banquete de Herodes".
El origen del Museo de Capodimonte se remonta a la colección de arte de los Farnesio, una de las familias más poderosas de la Italia del siglo XVI. Más tarde, Carlos de Borbón (futuro Carlos III de España) ampliaría la colección, instalándola en el actual edificio situado en la colina de Capodimonte, que fue inicialmente concebido como su residencia privada, y finalmente sería el palacio real en que habitaron las diferentes familias que reinaron en Nápoles.
San Sebastián, de José de Ribera, cuadro de gran preciosismo cromático y luminosidad.
En la época en la que el joven Fernando IV sucedió a su padre en Nápoles, la colección continuó ampliándose. A su fama contribuirían los visitantes que llegaban año tras año atraídos por los yacimientos de Pompeya y Herculano y por su interés en el Gran Tour. El enclave artístico sobrevivió a la ocupación napoleónica, a pesar de que ésta obligó al Monarca a desplazarse a Palermo. Con la contraofensiva borbónica, parte de las obras se trasladaron a la Iglesia de San Luis de los Franceses de Roma y a París, pero pronto fueron recuperadas por Fernado IV.
Tras la caída de los Borbones y la llegada de los Saboyas cambia la denominación de la colección, pero se mantienen su importancia y su crecimiento. Finalmente en el año 1957 el museo se abre al público.
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La cultura habla la lengua de todos
Mª TERESA FDEZ. DE LA VEGA Vicepresidenta Primera del Gobierno y Ministra de la Presidencia.
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Es una satisfacción poder descubrir en la exposición las obras pictóricas más importantes del Museo de Capodimonte, y aún resulta más reconfortante saber que las obras han sido trasladadas al Palacio Real de Madrid con la intención de mostrar la belleza que alberga el Museo italiano, simbolizando, a su vez, un abrazo entre países. Se trata de cincuenta y tres obras maestras que pertenecen a la tradición del arte universal, y apreciarlas es valorar su historia porque la pintura provoca en el espectador el afán de emprender un viaje, con imaginación e inteligencia, a la circunstancia que las inspiró. Es cierto que las obras de Mantenga, Tiziano, El Greco, Van Dyck o José Ribera conmueven por sí mismas; pero darlas a conocer a millones de personas es demostrar, además, que la Cultura habla en una lengua de todos, y, por ello, las instituciones deben propiciar su difusión para que hombres y mujeres amplíen su capacidad de pensar y de sentir.
Podemos admirar en Madrid, como antes se hizo en Salamanca y Sevilla, una colección de pintura universal que evoca, a su vez, el característico paralelismo cultural existente entre Italia y España durante el siglo XVIII. Con este evento, se ve cumplida, una vez más, la misión de favorecer el conocimiento de creaciones relacionadas con nuestros valores históricos, poniéndolos al alcance del conjunto de la ciudadanía.
Estoy convencida de que esta muestra pictórica es un regalo para el alma que nos permitirá realizar una profunda reflexión sobre nuestra actualidad, gracias a la capacidad que tiene el Arte de generar espacios comunes de humanidad y justicia. Cuando se devuelve al presente una obra, creada en otros tiempos, la sensibilidad nos enseña a ponernos en el lugar del otro. Se hace necesario, entonces, redescubrirnos en esa conversación simbólica capaz de hacer soñar, para la ciudadanía, un mundo más noble si es un mundo libremente elegido. Esta es la elección intemporal de la Belleza. |
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