El titular no es una frase hecha, ni siquiera un eslogan electoral. Es una realidad que se constata con los hechos. Desde hace siete años, coincidiendo con el nuevo Gobierno formado por el PSOE y el PAR, todos los datos económicos indican un sostenido crecimiento de la inversión tanto pública como privada, una mejora de las infraestructuras, teniendo el AVE como mejor ejemplo, y la creación de nuevos puestos de trabajo. Son hechos positivos que no han acontecido por casualidad. Ha sido el resultado de una estrategia diseñada por los partidos que gobiernan, conscientes del riesgo que entrañaba una coalición inédita en la que pocos creían.
La estabilidad política, el apoyo a la inversión productiva, la articulación del territorio y la defensa de nuestros derechos, en especial el agua, han sido factores clave. La apuesta por sectores de futuro, como el tecnológico en Huesca, la logística en PLA-ZA y la Ciudad del Motor en Alcañiz, son tres ejemplos de esta política que tan buenos resultados está cosechando.
Pero, aun siendo importante lo conseguido, el reto del futuro es apasionante. Antes de que termine la Legislatura contaremos con un nuevo Estatuto de Autonomía que se encuentra en trámite parlamentario. El proyecto que aprobaron las Cortes de Aragón y fue tomado en consideración por el Congreso de los Diputados ha conseguido un amplio consenso y no tiene votos en contra. Esto ya es un valor en sí mismo, máxime en este momento. Con el nuevo Estatuto, Aragón tendrá el instrumento que le permitirá avanzar en lo político y administrar mejor sus competencias. Sólo queda mejorar la relación financiera con el Gobierno Central y no confiarse, puesto que lo conseguido no garantiza el futuro si no somos conscientes de que un mayor autogobierno supone más responsabilidad y que el progreso debe llegar a todo el territorio y a todos los ciudadanos.