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Situadas en un área climáticamente privilegiada, abiertas a todas las culturas y celosas de su secular historia, las Islas Baleares enamoran a los diez millones de turistas que se acercan cada año a visitar este idílico archipiélago. Cinco paraísos del Mediterráneo: Mallorca, Menorca, Ibiza, Formentera y Cabrera ofrecen un clima extraordinario en el que cabe el sol y la tranquilidad de sus innumerables calas; las aguas transparentes y una diversidad paisajística que atraen a los visitantes a los 5.000 kilómetros cuadrados de sus islas. Con un clima mediterráneo y una temperatura media que oscila entre los 16 ºC y los 17ºC, la mayor riqueza con la que cuenta el archipiélago balear, además de sus maravillosas playas, es su entorno natural. La superficie protegida de las islas supera el 40 por 100 de su territorio. Cuaretnta y nueve áreas naturales de especial protección reúne la isla de Mallorca; 19 Menorca y 17 Ibiza y Formentera. Seis de estos espacios cuentan con un régimen de protección especial: El Parque Nacional de Cabrera, la Reserva Natural de Ses Salines de Ibiza y Formentera, y los Parques naturales de S'Albufera, Mondragó, Sa Dragonera y S'Albufera des Grau. Todos ellos componen el hermoso paisaje que ofrece el Archipiélago y donde Menorca se beneficia del sello internacional de Reserva de la Biosfera, declarado por la UNESCO. El Archipiélago se divide en dos grupos de islas. Al Norte, las Gimnesias (Mallorca, Menorca y Cabrera) y al Suroeste las Pitiusas (Ibiza y Formentera). Cada una tiene su propia personalidad, que sorprende y fascina a todo el que llega al paraíso balear. A Mallorca, o la elegante isla mayor, como la llamaron los romanos, llegaron los primeros turistas a principios de los años veinte y, hasta la guerra civil, fue creciendo en ella un turismo selectivo, especialmente de intelectuales y artistas, hasta convertirse en el enclave turístico que conocemos actualmente. Su clima suave, de cielos despejados, y la gran belleza paisajística de Palma de Mallorca, la convierten en un lugar privilegiado, donde la oferta cultural es equivalente a la de una ciudad diez veces mayor. Un ejemplo de ello es el Auditorio, que cuenta con una de las mejores salas de conciertos de Europa. Palma de Mallorca, adornada de yates, palmeras y con la Catedral al fondo, brinda una visión mágica aún más impresionante a primeras horas de la mañana. La ciudad se extiende en una franja de 15 kilómetros paralela al mar, con una magnífica sucesión de tejados salpicados de monumentos impresionantes, donde la historia y la modernidad se unen con el verde y el Mediterráneo en perfecta armonía. Un bello recorrido es el que ofrece la Bahía de Palma. Son varios kilómetros desde el Puerto hasta El Arenal, que se pueden recorrer en bicicleta por un camino que, bordeando la costa, depara el placer de la observación de las bellas playas de El Portixol, El Molinar, Coll d´En Rebassa y Can Pastilla, para terminar en El Arenal. En la misma Bahía de Palma hay otros bellísimos enclaves que merece la pena visitar, como Illetas, una bahía de unos 75 metros de extensión, con verdes pinares que bordean una amplia costa de fina arena, o Santa Ponça, playa también de arena fina y aguas transparentes. Menorca, la isla más oriental del Archipiélago, tiene una personalidad fuerte y diferente al resto de las islas. Salpicada de monumentos megalíticos y de múltiples huellas de su accidentada cultura, ofrece contrastes en sus 700 kilómetros cuadrados.
Su superficie casi llana ofrece 216 kilómetros de costa, con multitud de playas y calas solitarias. Menorca presenta una atmósfera casi intocada, virgen, como si en esta localidad de gentes cordiales y aguas cristalinas el reloj se hubiera parado, propiciando una atmósfera idónea para el descanso. En Menorca se encuentra una contraposición geográfica esencial entre las playas del Sur y las del Norte. Las primeras, con un relieve más suave, se caracterizan por sus profundos barrancos alfombrados de una rica vegetación de pinos que llegan casi al mar, fundiéndose en calas y playas de blanca arena. El Norte posee una costa abrupta, con potentes rocas en las que rompe el mar, pero ofrece un paisaje bellísimo y original. Se puede empezar a descubrir la isla partiendo de su capital, Mahón. En el puerto se encuentra Villacarlos, un pueblo encantador de 4.500 habitantes. Muy cerca están Cala Llonga y Cala de Sant Esteve y a 8 kilómetros el Parque Natural de S´Albufera des Grau, un pequeño lago que constituye la segunda zona húmeda de Baleares, tras la Albufera de la Alcudia. El monte mediterráneo convive allí con juncos y plantas de la marisma. En invierno se concentran más de 7.000 aves de 150 especies censadas. Y para completar este maravilloso paisaje, el islote Es Colom, a tan sólo 200 metros mar adentro. Ibiza, bautizada así por su típica arquitectura blanca, es un centro cosmopolita de gran atractivo turístico. Llegó a la fama por su cultura hippy y sus playas nudistas, y sigue con su extraordinaria vida nocturna de locales de moda y discotecas. Fundada en el año 654 a. C. por los cartagineses, Ibiza sirvió de hogar a numerosas culturas mediterráneas, como la púnica o la romana, que dejaron profunda huella. Formentera es una pequeña isla de apenas 100 kilómetros cuadrados, con una población de unos 5.200 habitantes, famosa por sus grutas. La isla de "paz y luz" es paradisíaca, con sus pinos mediterráneos y sus palmeras africanas. Su clima primaveral es un gran atractivo, como los molinos y las norias. Llegar a Cabrera y pasar un rato observando alguna de las calas que rodean la isla es un privilegio. Algunos turistas llegan con sus yates a los lugares más insospechadamente maravillosos que fueron declarados Parque Natural Marítimo y Terrestre en 1991. Su maravillosa naturaleza intacta ofrece una costa recortada en el bellísimo paraje, con sólo una playa de arena en su litoral oriental.
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