Transcurridos más de tres años desde que los ciudadanos de Madrid adoptaron la irreversible determinación de transformar la ciudad, ha llegado el momento de que todo ese esfuerzo colectivo que hemos realizado se convierta en beneficios directos para los ciudadanos, en una mayor calidad de vida, en una mayor competitividad, en nuevas oportunidades de progreso y en un mejor entorno urbano. Éstas son sólo algunas de las consecuencias del mayor proyecto de renovación que jamás había acometido Madrid y también uno de los más importantes que, en estos momentos, se desarrollan en Europa.
Así, 2007 será el año en que emerja ese nuevo Madrid que, en gran parte, ya existía pero permanecía oculto o difícilmente accesible para los ciudadanos, entre otras causas, por unas infraestructuras obsoletas e incompatibles con el modelo de ciudad por el que han optado los madrileños. La recuperación como espacios verdes, perfectamente integrados con el resto de la ciudad, de los márgenes del río Manzanares, o la puesta en marcha de un nuevo sistema de movilidad que combina una mayor fluidez del tráfico y la reducción de su impacto sobre el entorno urbano con unos medios de transporte público renovados y adaptados a las necesidades de una ciudad del siglo XXI serán realidades que pronto disfrutarán los ciudadanos. Pero a todo ello debemos sumar una almendra central para cuya revitalización hemos puesto en marcha numerosas iniciativas, unos planes de vivienda que están facilitando el acceso a la misma a miles de jóvenes menores de 35 años, el desarrollo de nuevos ámbitos urbanos caracterizados por el equilibrio de sus usos, o unos servicios sociales dirigidos a diferentes sectores de la sociedad, como la familia, los mayores o la juventud, que han aumentado sus prestaciones cuantitativa y cualitativamente. Al mismo tiempo, esta metamorfosis que está experimentando Madrid también tiene repercusiones directas en el exterior, donde ya se nos considera una de las capitales de Europa con mayor proyección de futuro, así como uno de los destinos más atractivos tanto para el ocio como los negocios.
La conclusión es que, respecto a 2003, Madrid es hoy una ciudad más integrada territorialmente y más cohesionada socialmente. Pero lejos de pensar que todo el camino recorrido es suficiente, somos conscientes de que, después de dotarnos de todas las infraestructuras que necesitamos, sólo estamos ante el punto de partida para continuar construyendo, entre todos los ciudadanos, ese espacio de convivencia y oportunidades, cada vez más abierto, cosmopolita, solidario y vanguardista, que queremos que sea Madrid.