El Restaurante Taberna La Bola es uno de los más antiguos de Madrid. Continúa abierto desde 1870, cuando "La Rayúa" transformó una botillería que se ubicaba en la Calle Las Rejas, hoy Guillermo Rolland, en un pequeño restaurante. Aquella mujer fue la auténtica matriarca de esta dinastía familiar, Los Verdasco, que a lo largo de varias generaciones sigue regentando el Restaurante Taberna La Bola. Desde entonces, el cocido madrileño y la familia Verdasco comienzan al unísono su larga andadura que permanece ya desde hace más de un siglo.
El cocido madrileño se sigue haciendo como a finales del siglo XIX, en pucheros de barro individuales y sobre carbón de encina. "Tan tentador es este cocido, que es apetecido por gentes de toda laya y gozar, en consecuencia, del consenso general de todos los madrileños, por encima de las consideraciones sociales", asegura Mara Verdasco, alma de este famoso establecimiento.
Cuando se habla de cocido madrileño surge el nombre de la familia Verdasco y junto a ellos, dos locales de su propiedad: La Bola, en la calle del mismo nombre en el mismo centro de Madrid, y La Cañada, en Boadilla del Monte, a escasos kilómetros de la capital. En ambos, se sigue la tradición familiar del cocido. Y todo es curioso en este plato, desde la forma de cocinarlo a la de comerlo.
Primero se degusta la sopa de fideos con el caldo vertido del puchero de barro. Luego llega el segundo vuelco, con garbanzos, punta del morcillo, un trozo de gallina, patata, un cuadrado de tocino, chorizo y hueso de jamón. Y para acompañar, repollo, tomate especiado con comino, guindillas y cebolleta.
Además, La Bola ofrece otros platos típicos de la cocina castellana, como los callos, la sopa castellana o el cordero asado, y una amplia variedad de verduras, carnes y pescados. El postre destacado son los buñuelos de manzana con mermelada y helado. Y todo ello en un marco histórico que nos revierte a la sociedad de hace más de cien años.