En palacios, hospitales, castillos y conventos de Cáceres, Guadalupe, Jarandilla, Plasencia, Zafra, Mérida y Trujillo
Paradores: Siete joyas hoteleras
CARLOS GARCÍA
Siete paradores permiten conocer y disfrutar los atractivos de una tierra tan rica en contrastes como Extremadura. Desde Plasencia a Zafra, de Norte a Sur es fácil recorrer estas tierras surcadas por el Tajo, que desde tiempos inmemoriales han ido construyendo parte esencial de la historia de España.
El antiguo Palacio de Torreorgaz, levantado sobre cimientos árabes, se presenta con puerta de dintel y escudo barroco en el corazón del casco histórico artístico de Cáceres, ciudad declarada Patrimonio de la Humanidad. Fundado por Diego García de Ulloa, caballero de la Orden de Santiago, el parador, construcción del S. XIV, está presidido por su esbelta torre.
Gótico, Renacimiento y Barroco son estilos personalizados en el edificio y en su entorno monumental se observan el patio interior, los cercos empedrados, vigas forradas de madera y la original repisa del salón.
En este contexto, las habitaciones, de suaves tonos crema, se definen por el buen gusto, la amplitud y el confort.
Para degustar la gastronomía del parador hay que pedir el solomillo de Ibérico y el queso del Casar, así como el cabrito asado al romero. Además, dispone de una vinoteca con más de 300 referencias.
El Parador de Guadalupe se erige sobre los inmuebles del antiguo Hospital de San Juan Bautista del S. XV y el antiguo colegio de Infantes o Gramática del S. XVI, los cuales fueron importantes centros de aprendizaje de Medicina -Cirugía y Gramática- y Canto, respectivamente. Está situado en el casco antiguo, declarado monumento histórico-artístico, y es un referente del Patrimonio de la Humanidad de la villa de Guadalupe.
Entre sus dependencias destacan el jardín, auténtico vergel de plantas y flores, sus claustros gótico y mudéjar, su recogida piscina, y amplias estancias en el interior, con paredes blancas. En su comedor se pueden degustar el bacalao monacal, ajo blanco, migas extremeñas y tarta de queso de la Serena.
El Parador de Jarandilla se encuentra en el centro del vergel de la Vera y el Tiétar, entre gargantas de agua, piscinas naturales, bosques de castaños y robledales, y paisajes naturales de inusitada belleza que reafirman la riqueza de su entorno histórico y monumental. Este castillo-palacio fue durante meses morada de un ilustre huésped: el Emperador Carlos V.
De su exterior destacan los torreones, el patio de armas y su excelente piscina, con olivos y naranjos. En su interior, encontramos un ambiente de tranquilidad e intimidad. Y en el restaurante, las migas extremeñas, sopa de patatas, pucherete de perdiz, lomitos de cordero a la miel de la dehesa y compota de higos de la Vera, entre platos a resaltar de la variada oferta de la cocina extremeña.
El Parador de Mérida conserva la estructura del antiguo convento del S. XVIII, instalado sobre los restos de un templo dedicado a la Concordia de Augusto. Brinda al huésped la oportunidad de conocer la riqueza patrimonial de la bellísima ciudad y los espacios naturales de los alrededores.
El salón, en la antigua capilla del convento, el patio interior y los hermosos jardines donde se ha instalado el "Jardín de Antiguedades", conjunto arqueológico formado por elementos mudéjares, romanos y visigóticos, son algunos de sus espacios más destacados. Entre las múltiples propuestas gastronómicas que ofrece su restaurante destacan las criadillas de tierra, la caldereta extremeña, el surtido de gazpachos y los higos de Almoharín.
El Parador de Plasencia se ubica en el convento de Santo Domingo, fundado por los Zuñigas a mediados del siglo XV, siendo su estilo gótico en el interior y parte del exterior. Estratégicamente situado en pleno casco monumental de Plasencia, es el lugar ideal para conocer las bellezas arquitectónicas de esta singular ciudad, así como los maravillosos paisajes naturales que la rodean.
El Parador de Trujillo se ubica en la monumental ciudad extremeña, cuna de descubridores. Se alza sobre el antiguo monasterio de Santa Clara, conservando el ambiente de paz y sosiego que le imprime su estructura conventual. En su interior destacan dos hermosos claustros, uno de ellos renacentista, con arcos y columnas; el segundo proporciona al conjunto una nota de luminosidad que embellece el entorno. Es ideal para el descanso, el ocio y el trabajo.
El parador cuenta con estancias y detalles de carácter monacal, salones amplios, tranquilos y agradables, habitaciones nobles en las que prima la madera y un bar-cafetería situado junto al luminoso claustro del parador. Muy apetecibles resultan los platos del comedor, entre los que destacan la sopa de tomate al comino, el solomillo de ternera Retinta a la parrilla con torta del Casar y, sobre todo, los embutidos y jamones ibéricos, sin olvidar el helado artesano de queso.
El Parador de Zafra, "Duque de Feria", se alza sobre un majestuoso castillo que comenzó a construirse en el año 1.437 como residencia de los duques de Feria, grandes de España. El valor de este castillo-palacio se expresa a través de una espectacular fachada en un enclave idóneo para descubrir el entorno monumental y los parajes naturales que posee la zona. Nueve torres almenadas guardan celosamente un interior regio y grandioso que conserva hermosos artesonados, arcones, herrajes, pasamanos y otros detalles decorativos pertenecientes al antiguo palacio.
Sus habitaciones, que conservan artesonados, decoración y detalles del Ducado, son señoriales, elegantes y espaciosas. Destacan asimismo la piscina y el jardín, perfectamente cuidado.