Histórica y moderna, la ciudad amurallada a orillas del Guadiana abre sus puertas al desarrollo comercial
Badajoz, baluarte de civilizaciones
CARLOS GARCÍA
A orillas del río Guadiana, Badajoz se eleva fronteriza como una bisagra entre España y Portugal. Abierta y tolerante, la ciudad se abre a la nación vecina como un oasis comercial y amigable para potenciar el desarrollo y la riqueza de la Región extremeña. Árabe y cristiana, hospitalaria y tradicional, muestra sus raíces en el laberinto de su casco antiguo, en La Alcazaba, varias veces amurallada, y cuyos baluartes han resistido con honor todos los asedios a que fue sometida a lo largo de la historia.
Badajoz es un destino imprescindible a quienes quieren visitar Extremadura, repleta de rincones entrañables. La primitiva ciudadela de Civitas Pacis ya era conocida en tiempos de los romanos, pero fueron los musulmanes quienes le dieron su nombre actual al llamarla Batalyoz, en el siglo VIII. La ciudad adquirió gran importancia política y militar al convertirse en uno de los reinos Taifas que surgieron en la Península tras la caída en el s. XI del Califato de Córdoba. Reconquistada en el siglo XIII por los reyes cristianos, acentuó su carácter guerrero, dado su estratégico emplazamiento, en el límite de España y Portugal.
La necesidad histórica de defenderse se observa en su propia ubicación, a orillas del Guadiana y sobre el cerro de La Muela, en torno a un sistema amurallado formado por murallas, puertas y baluartes. Dominando este entramado defensivo se encuentra la Alcazaba, declarada Monumento Histórico-Artístico. Sus muros almohades enmarcan bellos jardines y el palacio de los Duques de la Roca, que alberga el Museo Arqueológico Provincial. En sus salas se exhiben más de 15.000 piezas halladas en los numerosos yacimientos arqueológicos de la provincia.
En la ciudad de Badajoz, las calles y soportales más pintorescos y con más sabor se despliegan a los pies de la Alcazaba, en torno a la Plaza de San José y a la Plaza Alta. Esta última está formada por soportales de mediados del s. XV. Otra plaza, la de España, la conforman el Ayuntamiento y la catedral. Este templo, de construcción románica-gótica, presenta una aspecto de fortaleza, con una torre vigía de gruesos muros. En su interior se observan piezas de decoración renacentista. Merece la pena detenerse en los bajorrelieves de la sillería del coro y en los tapices flamencos que adornan la sacristía. En la catedral también se encuentran valiosos lienzos de pintores como Zurbarán, Ribera y Bocanegra.
En los alrededores de la Plaza de España se ubican algunos de los mejores establecimientos donde degustar lo mejor de la gastronomía extremeña. La mesa de Badajoz se nutre de recetas antiguas elaboradas con productos de la tierra y con algunos traídos de América, como el tomate, el pimentón y la patata. La sopa de tomate, el cordero asado o las truchas fritas, son platos imprescindibles, además de los excelentes embutidos ibéricos de la Denominación de Origen Dehesa de Extremadura. Igual que los vinos, de fama internacional, como los blancos de Almendralejo y los tintos de la Denominación de Origen Ribera del Guadiana.
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Dos importantes museos se abren a los visitantes en el centro de la ciudad: el Museo Provincial de Bellas Artes y el Museo Extremeño e Iberoamericano de Arte Contemporáneo (MEIAC). La colección del primero, situada en una casa palacio de finales del siglo XIX, presta especial atención a la producción pictórica y escultórica de autores extremeños. El Museo Extremeño e Iberoamericanose encuentra en uno de los baluartes de la muralla y se ha especializado en arte español, extremeño, portugués e iberoamericano posterior a 1980, como símbolo de los tres ámbitos geopolíticos que se cruzan en la Comunidad de Extremadura.
Cruzando uno de los puentes más representativos sobre el río Guadiana, se observa La Puerta de Palmas, una de los monumentos más simbólicos de la ciudad. Dos torres almenadas custodian el paso a este puente, de una treintena de arcos de medio punto. Su construcción corresponde a los planos de Juan de Herrera, uno de los arquitectos más representativos del Renacimiento español.
Una visita completa a Badajoz incluye también sus plazuelas y jardines, entre ellos Castelar y San Francisco. Hay que recorrer la plazas de la Soledad, Libertad y San Juan, para coger el pulso a la ciudad. Merece la pena acercarse a Badajoz en Carnaval, Semana Santa y San Juan, tres referencias festivas que no se pueden perder. En el Carnaval participan miles de ciudadanos disfrazados imaginativamente, que desbordan colorido y alegría junto a las comparsas, murgas y coros en una gran fiesta de carácter internacional. La Semana Santa pacense cobra un esplendor particular, con imágenes de gran valor artístico, algunas de ellas del siglo XIV. Y la feria de San Juan se anima con las singulares casetas y los espectáculos taurinos.