La monumentalidad de la antigua Norba es objeto de máxima atención, junto al Real Monasterio de Guadalupe
Cáceres: La maravilla de piedra
JOSÉ LUIS MARTÍN
Pasear por la provincia de Cáceres y por la monumental capital, descubrir sus palacios, casonas y conventos, sus plazas singulares, sus paisajes, degustar sus platos y disfrutar de sus fiestas y de la acogida de sus gentes es lo recomendable en esta parte norte de la Comunidad Extremeña. Aquí los amantes de la naturaleza y el arte se encuentran a gusto. Igual que los deportistas, ya que toda la provincia está plagada de embalses donde se pueden practicar deportes náuticos, como piragüismo, vela, rafting, windsurfing? También otros deportes como la caza y la pesca son posibles dentro de los maravillosos parajes naturales. Senderismo, rutas en bicicleta o a caballo, y vuelos en ultraligero son actividades turísticas que pueden ocupar el tiempo de ocio y recreo en estas tierras cacereñas.
Pero para quienes gocen del arte y de la monumentalidad, Cáceres capital se lleva la palma. Elevada en un terreno desigual, entre la Sierra de la Mosca y la Sierrilla, sobre un suelo de cuarcitas endurecidas y abundancia de granitos, proporciona abundante material constructivo que los romanos utilizaron para levantar la muralla rectangular de 68.000 metros cuadrados y, siglos después, los nobles cacereños emplearon para edificar sus mansiones, empleando fundamentalmente el granito, la pizarra y la cuarcita.
En Cáceres hay asentamientos humanos desde la Prehistoria, como confirman las pinturas y los restos de cultura material aparecidos en la Cueva de Maltravieso, con numerosas pinturas que datan del Paleolítico Superior. Actualmente existe un Centro de Interpretación con una pequeña réplica de la cueva. Y se han descubierto restos de la Edad de los Metales en la Cueva del Conejar.
Cáceres entra en la Historia con la llegada de los romanos, una vez que el Cónsul Lucio Cornelio Balbo funda la Colonia Norbensis Caesarina, en el año 25 antes de Cristo. No obstante, cuarenta y nueve años antes se había establecido cerca de Cáceres el Campamento Castra Caecilia, conocido como "Cáceres el Viejo". De esta época se conservan en Cáceres fragmentos de muralla ubicados en la base de la misma, la puerta oriental de la muralla llamada "Arco del Cristo", inscripciones y esculturas.
En la etapa visigoda la ciudad fue tomada por Leovigildo, en el siglo VI. Algún investigador ha mencionado que en la construcción del aljibe almohade se emplearon algunas columnas visigodas reaprovechadas.
Con la llegada de los almohades Cáceres vuelve a florecer, sobre todo su muralla, derruida con las invasiones bárbaras. Sobre el antiguo trazado romano, los almohades levantan con adobe la muralla cacereña, aún en pie por algunas zonas, nuevas torres como la Redonda, unida al palacio de Carvajal y el aljibe del antiguo Alcázar árabe que hoy forma parte de la Casa de las Veletas, rehabilitada en el siglo XX para convertirse en un Museo que acoge restos arqueológicos de la provincia, así como una muestra etnográfica.
Alfonso IX reconquistó la ciudad en 1229, repoblada posteriormente con gente venida de Galicia, Asturias y León que se harían con el poder de la tierra y sus riquezas les permitirían construir las mansiones nobles, de carácter defensivo que, poco a poco, fueron modificándose hasta transformarse en los hermosos palacios que hoy contemplamos, donde conviven antiguos elementos medievales con los renacentistas, barrocos y neoclásicos. Cáceres fue una villa libre de realengo hasta que en 1882 Alfonso XII la erige en ciudad.
La villa intramuros, caracterizada por poseer los edificios más antiguos (siglos XIV, XV y retoques en el XVI), se desarrolla en torno a dos colaciones: la que surge en torno a la parroquia de Santa María y su plaza, centro de la vida económica durante la Edad Media. Aquí los edificios pierden su aspecto defensivo para convertirse en mansiones con un aire más palacial, con la excepción del palacio de los Golfines de Abajo, que mantiene su torre, aunque reformada, y del palacio de Mayoralgo, con un toque macizo y poco aperturista, recientemente rehabilitado para convertirse en Sede de Caja Extremadura.
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Tras un acusado ascenso del terreno, llegamos a la segunda colación, la de San Mateo, en el punto más elevado de la ciudad, donde estuvo ubicado el antiguo Alcázar, con edificios que mantienen un aspecto más defensivo, como ocurre con el palacio del Capitán Diego de Cáceres Ovando, personaje importante en Cáceres y favorito de los Reyes Católicos, quienes le concedieron el privilegio de construir la Torre -de las Cigüeñas- en su palacio, en contra de lo que dictaba la Cédula ordenada por los propios monarcas en 1477 que prohibía a los nobles elevar torres por encima de la altura de los tejados y obligaba a demoler las existentes, como castigo a todos los que se opusieron a ellos y utilizaban las torres para arrojar a los partidarios de los monarcas todos los objetos que tenían a mano. Otros edificios y casas nobles pertenecientes a esta colación son: el palacio de los Golfines de Arriba, el palacio y torre de los Sande, el palacio de Sancho Sánchez de Ulloa y el de su hijo Lorenzo de Ulloa, la Casa de los Solís... Entre ambas parroquias se desarrolla un trazado urbano caracterizado por las calles sinuosas y estrechas. En el flanco oriental de la muralla se encuentra la judería, que tras la expulsión, en 1.492, se denominó Barrio de San Antonio.
A partir del siglo XIV nace una nueva colación, la de Santiago, alrededor de la parroquia del mismo nombre y se configura un barrio que enlaza con la muralla. En esta colación encontramos diferentes construcciones solariegas: Palacio del Duque de Abrantes, de Roco Godoy, y el Hospital de la Piedad, posteriormente convertido en el palacio de la Real Audiencia de Extremadura. La ciudad también continua su crecimiento desde el Postigo de Santa Ana hasta la Puerta de Mérida, abarcando las calles del Postigo, Gallegos, y este motivo propiciará la creación de la iglesia de San Juan de los Ovejeros, a finales del siglo XIV, la cuarta y última colación de la villa. La Puerta Nueva que da paso a la Plaza Mayor (a partir del siglo XVIII Arco de la Estrella) fue el punto de unión entre el recinto intramuros y la ciudad extramuros, convirtiéndose en la puerta principal de la muralla.
Cáceres fue declarada Monumento Nacional en 1949, Tercer Conjunto Monumental de Europa y Ciudad Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1986. Y es candidata a la obtención de la Capitalidad Europea de la Cultura en 2016.
También el Real Monasterio de Guadalupe fue declarado Monumento Nacional en 1.879 y posteriormente, en 1.993, Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. La fachada principal es mudéjar, igual que uno de sus dos claustros, el segundo es gótico, del XVI. Guarda importantes libros miniados, bordados, relicarios, obras pictóricas del artista extremeño Zurbarán, de El Greco y otros pintores, transformándose en un auténtico guardajoyas que encierra varios museos: el de Bordados, el de Libros Miniados y el de Pintura y Escultura.
El templo es gótico, del siglo XV; el coro y la sillería son de Churriguera; la reja del presbiterio, gótico-renacentista y el Retablo Mayor, clasicista. La imagen de la Virgen de Guadalupe, de los siglos XII-XIII. En la sacristía, se guardan ocho geniales obras del célebre pintor Francisco Zurbarán. De Luca Giordano son las pinturas del Camarín.
Dentro de la Puebla de Guadalupe, declarada Monumento Histórico Artístico en 1943, llama la atención el antiguo Colegio de Infantes o de Gramática, de estilo mudéjar, convertido en Parador de Turismo.