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La antigua capital de la Lusitania romana es sede de la Junta de Extremadura y su cuenta con un turismo creciente

Mérida: El legado romano en Extremadura

JOSÉ LUIS MARTÍN

Mérida, la sede de la Junta de Extremadura, es una segunda Roma, por los magníficos legados que la civilización romana dejó en esta ciudad de la Península Ibérica. Sus edificios, su teatro y su circo, los templos, las esculturas y mosaicos, los puentes y las casas romanas son herencia de un imperio que se fusiona con la modernidad en la capital administrativa de Extremadura.

La capital extremeña, con más de 50.000 habitantes, a tan sólo 60 kilómetros de Badajoz, fue fundada en el año 25 a C. Desde entonces, padeció las invasiones bárbaras y la dominación árabe, pero no ha perdido el hermoso conjunto de monumentos de la época en la que fue capital de la Lusitania romana. El teatro, uno de los edificios más prestigiosos de la época del imperio, fue construido en el año 24 a.C. por Agripa. Éste se compone de un escenario monumental, frente a los graderíos dispuestos en hemiciclo y puede llegar a albergar a 6.000 espectadores. Tanto los graderíos como el escenario y la orquesta están construidos en mármol. La decoración del fondo del escenario está compuesta por columnatas y esculturas. Durante julio y agosto, esta magnífica herencia del mundo antiguo es escenario de la celebración del Festival de Teatro Clásico, que este año cumplió su 53º edición.

El anfiteatro, que se encuentra tan sólo a unos metros de separación del teatro, fue construido en el año 8 d.C. Su planta es elíptica y podía albergar hasta 15.000 espectadores. Entre los espectáculos que el imperio celebraba en este emblemático lugar destacaban las luchas de gladiadores y animales, y más tarde, gracias a algunos arreglos, las batallas navales. Junto a esta espectacular obra se encuentra la Casa Romana del Anfiteatro, es un claro ejemplo de lo que fue en el pasado una mansión patricia, con su patio central rodeado de un peristilo y un hermoso pavimento de mosaico.

El Museo Nacional de Arte Romano es el más rico en su género de toda la Península Ibérica. Está construido junto al teatro y el anfiteatro. En él se conservan los vestigios de algunas casas y calzadas romanas que se pueden apreciar a lo largo del subsuelo del museo. Los turistas pueden apreciar objetos y obras de arte descubiertos durante las excavaciones, estatuas, fragmentos de columnas y capiteles, bustos, mosaicos, monedas, joyas, y utensilios de la vida cotidiana.

El acueducto de los Milagros es una admirable obra de arte construida en piedra y ladrillo, que hacía posible que el agua llegase a la ciudad a través de la presa de Proserpina. A través de una hermosa sucesión de arcadas (con una longitud de 827 metros) que se alzan unos 25 metros, el acueducto en lugar de estar construido por pisos (como, por ejemplo, el de Segovia), los pilares se continúan hasta arriba, en donde, sobre arcos de medio punto, va el specus. El núcleo de los pilares es de hormigón una de las más importantes novedades técnicas que los romanos aportaron y que se conservan hasta nuestros días.

La Vía de la Plata recorre la ciudad y atraviesa los dos puentes que se construyeron en la época del imperio. El primero cruza el río Albarregas y el segundo el Guadiana, al sur de Augusta Emérita, y llega hasta la Alcazaba, construida en el año 835, cuya función era defender el puente de los enemigos.

Otra construcción emblemática de Mérida es la Basílica de Santa Eulalia, fundada después de la reconquista, en honor de la patrona de Mérida. Elevada sobre una antigua basílica visigoda es de estricto estilo románico y con influencias góticas en la arquitectura interior. El antiguo convento de los Hermanos de Jesús, del siglo XVII, en el mismo emplazamiento de un templo romano se convirtió, en 1929, en el Parador nacional "Vía de la Plata".

 

  La capitalidad, un valor añadido
 J. ÁNGEL CALLE GRAJERA
Alcalde de Mérida

Desde la emergencia del fenómeno regionalista, Mérida, como capital de Extremadura ha estado ligada a todo el proceso y lo ha vivido desde un primer plano. Pocos años antes de convertirse en capital, después de aprobarse el primer proyecto de Estatuto preautonómico, en 1978, y de que el Consejo de Ministros lo aprobara, el 12 de diciembre de 1981, la Asamblea de Parlamentarios, reunida en la Casa de la Cultura de Mérida, aprobaba el proyecto de Estatuto de Autonomía de Extremadura. Unos meses después, con la aparición en el BOE de la Ley Orgánica 1/1983 de 25 de febrero del Estatuto de Autonomía, Mérida se convertía en la capital de Extremadura, según reza su artículo quinto.

El próximo 25 de febrero de 2008 se cumplirán veinticinco años de la aprobación del Estatuto de Autonomía de Extremadura. Estamos, pues, ante un importante aniversario para los extremeños. Entonces iniciamos un gran proyecto político e histórico y que tanto ha supuesto para nuestra Comunidad Autónoma en su camino de progreso y justicia.

Desde Mérida hemos tenido siempre claro que la capitalidad suponía un honor añadido y que el deber de los emeritenses es estar al servicio de un proyecto con el que aspirar a ser una Región protagonista con las restantes de España, dentro de un proyecto más común llamado Europa. Y en ese esfuerzo es necesario que todos tengamos presentes a Extremadura como una Comunidad, trascendiendo localismos e individualismos, y que participemos en un proyecto que nos obligue a reflexionar de manera crítica sobre nuestra Región y sus necesidades, pero en un proyecto que es y debe ser común. Y Mérida, como capital de Extremadura, a través de sus instituciones y sus recursos, está al servicio de este proyecto.

Mérida tiene la obligación de ser el exponente y el ejemplo para las demás ciudades de la Región. En su condición de capital ha sabido y sabe estar a la altura que ese rango requiere, y se siente orgullosa, al igual que todos los extremeños, de sentir y amar esta tierra, herencia de nuestros mayores y legado que hemos de dejar a nuestras futuras generaciones. Mérida debe velar por las tradiciones y la memoria de Extremadura y de todos los extremeños; no en vano, pocos lugares pueden demostrar el haber sido capital de un extenso territorio hace ya más de dos mil años. Pero ser capital es ser acogedora y abierta, convertirnos en la segunda ciudad de todos los extremeños después de su pueblo de origen.

En la realización de esta tarea no basta con que desde las instituciones sentemos las bases de esas premisas, sino que se requiere de la concienciación de todos, del trabajo y del esfuerzo común, para encaminar hacia una misma dirección todo el impulso que seamos capaces de generar. En ese objetivo de mirar hacia el futuro tenemos que estar unidos, manteniendo la convivencia y potenciando el diálogo para seguir avanzando. Desde la capital de Extremadura apostamos por el entendimiento entre nuestras ciudades en la búsqueda de ese futuro esperanzador para Mérida y para Extremadura.

De ahí nuestro apoyo incondicional a Cáceres como capital europea de la cultura del año 2016.

Éste es el camino: la concordia y la unión a través del diálogo.

Mérida y Extremadura nos lo exigen.

 

Mérida

   

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