Con sus 706 km2 y 80.000 habitantes presenta bosques de laurisilva y pinares en las cimas y faldas de los volcanes
La Palma: La isla bonita
CARLOS GARCÍA
Situada en pleno Océano Atlántico, al noroeste del Archipiélago Canario, junto a las demás islas de Tenerife, La Gomera y El Hierro, la isla de La Palma se ha ganado los apelativos de "Isla Bonita" e "Isla Verde", por la exuberante vegetación que se adueña de las cumbres y faldas de los volcanes. Pocos lugares del planeta muestran la diversidad paisajística en tan solo 706 kilómetros cuadrados. Aquí se encuentran densos bosques de laurisilva, extensos pinares y especies vegetales únicas. Además se observan cimas insólitamente altas, como El Roque de los Muchachos, de 2.426 metros, que enseñorean el cielo sobre depresiones inmensas como la Caldera de Taburiente. Desde la cima más alta se observa el mar de nubes, en un espectáculo turístico que cobra cada vez más importancia. Precisamente en el Roque de los Muchachos, por encima de cualquier nube que surja, se sitúa una larga alineación de telescopios del Instituto Astrofísico de La Palma, uno de los observatorios astrológicos más importantes del mundo. Uno de los telescopios, el Gran Telescopio de Canarias (GTCAN) fue recientemente inagurado por el Príncipe de Asturias, don Felipe de Borbón.
Con 80.000 habitantes la "Isla Bonita" es volcánica y verde, repoblada de pinos canarios, vides y plataneras, capaces de dar cosechas de hasta 140.000 toneladas de plátanos anuales. También hay palmerales, helechos, codesos, cedros, brezos, fayas, violetas de La Palma, y arbustos como eltagasaste, la tedera, la gacia, bejeques y amagantes. Y anidan los cernícalos, las grajas, los cuervos, los mirlos y los pinzones.
La historia palmera se remonta a los antiguos pobladores de la isla, llamada Benahoare, dividida en doce cantones gobernados cada uno por su jefe. Conquistada por Fernández de Lugo para la Corona de Castilla de 1402 al 1496, castellanos, catalanes, mallorquines, flamencos, italianos y portugueses pueblan el territorio. Se cultiva la caña y se exporta el azúcar, la miel y el vino de Malvasía, citado por Shakespeare.
Esta isla de gran tradición cultural ha sabido conservar todo su patrimonio intacto, desde las cuevas anteriores a la conquista a los monumentos renacentistas de los tiempos de Felipe II, como el Ayuntamiento de Santa Cruz de la Palma, en la Calle Real, el primero que estrenó la democracia en España.