Abierto en el verano del 2005, este coqueto hotel ofrece servicios y equipamientos de lujo en Bagnères de Luchon
Apsis Luchon: El encanto del Pirineo francés
TEXTO Y FOTOS: MANUEL MARTÍN
Seguramente muchos de ustedes habrán gozado con ese peliculón que es "La joie de vivre". Aquí les proponemos que revivan la alegría de vivir en Bagnères de Luchon, un recreo para los cinco sentidos a 360 kilómetros de Barcelona y a 290 kilómetros de San Sebastián.
Ducamp mira el escaparate de quesos, vinos y patés. La tienda está cerrada pero se acerca Patrice que estaba acabando su partida de golf a sólo siete minutos de este museo para paladares exquisitos. Patrice nos descubre uno a uno sus secretos mientras reconoce a Archi que ha estado cocinando en el club de Golf una sopa Luchon, un platillo de cordero y un flan de postre. Es el chef del Apsis Luchon, uno de los acogedores hoteles que jalonan la avenida principal de la villa con terrazas que invitan a la lectura, a degustar café, menta o al pecado si nos decantamos por su excelente respostería.
Clarisse apunta que desde la puerta del hotel hasta Superbagnères, la estación de esquí, no se superan los trece minutos si tomamos el teleférico. En la cumbre, Laurent nos enseña por donde serpenteará una de las etapas del Tour 2007. Manuel dispara mil veces su cámara, mientras un grupo de turistas le piden que los inmortalice. Descendemos de nuevo a Bagnères para dar buena cuenta de los dos platos típicos de la zona: la trucha y el pato. Gargallo propone a su mujer, María Dolors, una visita a las termas. Luismi y Víctor también se apuntan a ese homenaje al cuerpo con recorrido por las cuevas del vaporarium, la degustación de agua termal y una siesta relajante a pie de piscina.
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Montse negocia notas. Sus ojos se iluminan como los de Anna, que esboza una amplia sonrisa, imaginando cómo serán sus próximos proyectos. Archi disfruta viendo cómo los conejos campan a sus anchas por todos los jardines de la villa. Anochece. Gerard nos conduce hasta el casino. No ha lugar a tentar a la suerte, porque ya nos ha sonreído respirando el aire puro de Luchon, charlando con sus gentes, admirando las pequeñas cosas, su mercado, su lago, alzando la vista para vernos rodeados de montañas.
La alegría de vivir también está en Donostia, donde Leire me dio esa energía que encuentra el visitante en Bagnères de Luchon.