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Vieja y nueva Extremadura eterna

JUAN ANTONIO PÉREZ MATEOS
Escritor y periodista.

Ahora que, como diría Platón, me encuentro en esa segunda navegación que, según el filósofo, "es la más serena y hermosa", veo el espejo del tiempo, lo miro como una imagen lejana y cercana a la vez. Mucha parte de él está enmarcado en Extremadura y me hace reflexionar, pues como Ortega en sus divagaciones aludía a las generaciones que, para él, significaban quince años; es decir: una generación era ese tiempo. Ahora tendría, quizás, que rectificar y reducir la cifra. Dicho lo cual, me lleva al río de la reflexión, a ese caudal de agua del tiempo que atraviesa la cartografía de nuestro cuerpo. Sartre decía que pasa el tiempo y yo, sin embargo, pienso que los que pasamos somos nosotros. Ha llegado la hora en que, una buena parte de mi generación ha sacado su pañuelo y ha empezado a decirnos adiós. ¡Qué lejos quedan esos personajes del siglo XIX y XX que afortunadamente he tratado! Personajes de la Extremadura fenecida y enlazada, sin embargo, con el aliento de mi vivencia. Sin ir más lejos, como algo que está en el recodo del camino, la llegada de la Transición, más concretamente de la que afectó, como es lógico, a Extremadura. El último suspiro de Franco y aquella gran ventana abierta a una tierra llena de esperanza, cargada de viejas taras, de atraso ancestral.

Con la muerte del general Franco deberíamos a aprender a vivir, a convivir, a soltarnos el lastre que llevábamos dentro. Suele decirse que un español lleva un anarquista o un fascista dentro; y estas actitudes nos llevaron a algo que hemos querido borrar ?"lo mejor del recuerdo es el olvido", según el poeta. Lo triste es que el recuerdo era una herida muy profunda, un dolor que tratábamos de olvidar?. Y después a convivir, levantar la cortina de la dictadura y buscar el aire de un tiempo nuevo. Gracias a todos o, casi todos, capitaneados por el "piloto del cambio" -El Rey- brota un paisaje sentimental nuevo en las dehesas y encinas de nuestra Extremadura. Cuando miro / miramos hacia atrás sin ira, cuántos personajes de la tierra han dicho adiós, son recuerdo, únicamente, y nos falta su paisaje, aquella presencia que nos hacía soñar, que andábamos buscando el "corpus político" para que nuestra tierra iniciara una nueva navegación. ¡Ay aquellos Ramallos, Bermejos, Castellano, Hernández Gil, Sánchez de León, Juan Antonio Ortega, Oliart!? Tanteaban / tanteábamos una criatura virginal, una asignatura para la convivencia -la democracia-, muy artesanal. (Había que ver a Ramallo o Bermejo o Antonio Ventura en aquella humilde oficinita, junto al palacio de Carvajal donde España iniciaba otra andadura, muchos años antes sangrienta, en la cercanía de la arenga del general Franco).

Cuánta lejanía en esa vieja y nueva Extremadura, eterna. Ahora es una moza rozagante, de paisajes y paisanajes nuevos, con capital incluida, el matrimonio de las dos provincias bien avenido en una época pródiga en divorcios, Ibarra jubiloso y jubilado, una hornada de nuevos políticos, escritores, poetas, hijos del siglo XX. Extremadura en el recuerdo, borroso y soñador, con un presidente Vara en el tacataca democrático, hijos de la democracia, hijos y nietos de la dictadura, lejana andadura de extremeños en la España machadiana. A veces, en la caracola de la vieja Norba, escucho sonidos lejanos. Todo se escribe en este recinto amurallado, donde juró los Fueros Isabel la Católica y aún escucho la "Internacional" y el "España, mañana será republicana".

Es como el corazón de la Extremadura de dehesas y olivares, y le aplico el fonendoscopio, ahora que la tierra duerme bajo el sol o se despierta del largo letargo de una siesta. Pero los hombres de esta tierra, ahora que respiran un aire limpio, han de hacer, deben hacer una catarsis del tiempo estrenado y consumado; y hacer y sentir una democracia pura; y una reflexión sobre el poder y los compromisos de una clase muy fuerte como la política; y lo digo cuando me he quedado huérfano de la pintura y la música de Jaime de Jaráiz y el ceramista, artesano Rafael Ortega, símbolos de la vieja y nueva Extremadura, eterna.

 

Pérez Mateos

   

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