En este municipio toledano nacieron Fernando de Rojas, autor de La Celestina, y el protomédico de Felipe II
La Puebla de Montalbán, cuna universal
CARLOS GARCÍA
El Ayuntamiento de La Puebla de Montalbán, con el soportal y las columnas de granito, recuerda en su fachada a sus hijos ilustres / Foto: Carlos García.
La Puebla de Montalbán es un municipio toledano reconocido en todo el mundo por ser el lugar de origen de Fernando de Rojas, autor de la universal tragicomedia La Celestina. Su museo de 31 cuadros, de Teo Puebla, dedicado a esta famosa obra literaria española, es un atractivo suficiente como para congregar a los turistas en torno al lugar de nacimiento del autor de esta creación. La Puebla de Montalbán recuerda a su hijo Fernando de Rojas en una placa colocada en la fachada del Ayuntamiento, que evoca la primera edición de La Celestina, en 1499. Pero no sólo La Celestina ha dado fama a La Puebla de Montalbán. Otra placa situada al lado de la de Fernando de Rojas elogia al que fuera protomédico de Felipe II, Francisco Hernández, autor de "La Historia Natural de la Nueva España", un pueblano universal nacido en 1514, que escribió sobre México. Otra cerámica conmemora en la fachada del Palacio de los Condes de Montalbán, también en la Plaza Mayor, la figura del pueblano Pedro Pacheco y Guevara, cardenal y virrey de Nápoles, protagonista del Concilio de Trento.
Muchos personajes han vivido en La Puebla de Montalbán desde sus orígenes. Situada a 29 kilómetros de Toledo, a 45 de Talavera y a 100 kilómetros de Madrid, La Puebla fue habitada desde la Prehistoria y el Calcolítico. En su suelo se han encontrado hachas prehistóricas y enterramientos en urnas. Los celtas se asentaron aquí y dejaron los pétreos verracos, como el aparecido en La Vega de los Caballeros. Precisamente su actual nombre puede provenir del término celta Albiganus, "Mons Albigánicum", es decir, monte blanco, en referencia a sus caleras y minas de caolín existentes al sur del término municipal. Tras los celtas fueron los romanos quienes ocuparon el lugar, como demuestran las sepulturas halladas en la Dehesa Nueva y en Soto Redondo, con inscripciones latinas que se refieren a los "Maganos" y los "Mohenos".
La alcaldesa de La Puebla de Montalbán, Araceli Ladera, junto a la placa de F. de Rojas / Foto: Carlos García.
Su término municipal de 4.000 hectáreas, regadas por el Río Tajo, se remonta a tiempos del Rey Alfonso VI, en 1085, cuando tras la conquista se convierte en señorío con base en el espectacular castillo de Montalbán. Allí vivió Doña María Padilla, favorita de Pedro I. El Rey Juan II hizo una donación de la villa al Condestable de Castilla don Álvaro de Luna. Posteriormente, el Rey Enrique IV dona la villa a su amigo y partidario don Juan Pacheco, en 1453. El rey creó un mayorazgo y se lo confirió a su tercer hijo, don Alfonso Téllez Girón, denominándose desde entonces, "Señor de la Villa de Montalbán". Desde 1453 a 1600, el casco urbano se enriquece con un palacio, conventos e iglesias, erigidas bajo el empuje de sus señores. De esta época son el Palacio de los Condes, de 1462, en la Plaza Mayor, ejemplo de arquitectura típica de los siglos XV y XVI; su iglesia, de finos artesonados, de 1434; el convento de las Madres Concepcionistas, de magníficos sillares, fundado por el maestre de Santiago Juan Pacheco y Leonor Chacón, señores de Montalbán, en 1522; la torre de San Miguel, de 1604 y la ermita del Cristo de la Caridad, patrono de la villa, y antiguo Hospital de la Caridad.
En el centro del pueblo se encuentra la Plaza Mayor o sencillamente "la plaza" como todo el mundo la conoce y como, además, está registrada en el libro de matrícula parroquial del año 1768. Fue llamada de la Constitución en 1871, de la República en 1873, nuevamente de la Constitución hasta 1932 en que volvió a denominarse de la República, y Plaza Nacional desde 1936 hasta 1983, fecha en la que se bautizó con el actual nombre. Pavimentada con tipología castellana de cantos rodados y losas de granito en 1982, es una de las mejores plazas de la provincia. Conserva edificios típicos del siglo XV y XVI. Se accede a ella por dos calles, un túnel y dos arcos de bella factura, pertenecientes al palacio. De traza trapezoidal irregular y una superficie aproximada de 2.260 metros cuadrados, no se construyó como tal, sino que se llegó a ella a través de un procedimiento constructivo que la fue configurando como está ahora. De ello son testigos los diferentes estilos que se han ido imprimiendo en sus portadas y balcones.
En la fachada norte tiene unos soportales con columnas de granito, desiguales, balcones corridos y una gran portada de acceso al que fuera en otros tiempos Mesón Grande de la Plaza, el mismo que conoció Fernando de Rojas y el que perpetuó en "La Celestina". En la fachada oeste se encuentra el edificio del Ayuntamiento, formando ángulo con el edificio del antiguo mesón. A la entrada de la Casa Consistorial, a uno y otro lado, hay sendas placas dedicadas, una a Fernando de Rojas, y otra, al protomédico de Felipe II, Francisco Hernández. La fachada sur está ocupada por el palacio de los Duques de Osuna y condes de La Puebla de Montalbán. Y la última fachada la ocupa la iglesia parroquial de Nuestra Señora de la Paz, unida al palacio por un corredor, sustentado por dos hermosos arcos. La iglesia presenta planta de cruz latina. Su nave central tiene un artesonado de gran calidad y las dos naves laterales tienen también artesonados que han sido recientemente descubiertos y restaurados para que luzcan en todo su esplendor. El crucero presenta una cúpula de media naranja sobre pechinas con linterna. Los brazos del crucero están cubiertos por una preciosa bóveda de medio cañón con lunetas.
 |
El pueblano Miguel del Valle, famoso restaurador madrileño, en el Museo de La Celestina / Foto: Carlos García.
El Palacio de los Condes de Montalbán es un edificio de planta cuadrada y tres alturas. La fachada que da a la Plaza Mayor tiene una portada plateresca de puerta adintelada, con jambas de piedra rematada por canes que sujetan un ancho dintel. En el interior hay tres magníficos artesonados de pino. Este bello palacio fue construído en el siglo XV por el maestre de Santiago Juan Pacheco, a partir de 1462. En 1991 fue declarado Bien de Interés Cultural por el Gobierno Regional de Castilla-la Mancha. El convento de Monjas Concepcionistas se levanta sobre un zócalo de piedra granítica. La fachada norte tiene una puerta adintelada de piedra que da acceso a la iglesia, de planta de cruz latina y ábside semicircular. Todo el conjunto fue construido por Laurencio de Llachoa y fundado por Juan Pacheco y Leonor Chacón, señores de Montalbán, en 1522. Es de estilo plateresco de influjo italiano.
También es orgullo de los pueblanos la famosa Torre de San Miguel. Fue construida en el punto más alto del casco urbano por el maestre Cristóbal Ortiz, que comenzó su obra de sillería de ladrillo en 1604. Es un edificio de planta cuadrada de cuatro cuerpos, el primero de mampostería y ladrillo con sillares almohadillados en esquina. Es la torre que tuvo la Iglesia de San Miguel, hundida en el siglo XVIII. Se considera el símbolo de la villa por su enorme esbeltez y monumentalidad. De estilo mudéjar tardío, fue declarada Bien de Interés Cultural en marzo de 1993.