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"Su capitalidad supera el ámbito histórico para erigirse en el elemento diferenciador de la personalidad"

Oviedo, capital del paraíso

ADOLFO CASAPRIMA COLLERA

Dice el slogan publicitario que Asturias es el paraíso natural. Pues bien, habría que añadir otro que especificara que todo paraíso cuenta con una capital. Y la de Asturias es Oviedo. Tal aseveración pudiera parecer superflua por consabida desde un punto de vista histórico. Pero no así cuando, como es el caso, se pretende condensar en una sola frase el carácter y la idiosincrasia de una ciudad. Oviedo es la capital de Asturias. Oviedo aglutina todas las Asturias existentes. Oviedo resume Asturias. Porque Oviedo es la capital de Asturias. Y es que, frente a ejemplos de Comunidades vecinas, en que la capitalidad supone un hecho más bien moderno y en cierto modo caprichoso, la de Oviedo supera el ámbito histórico para erigirse en el elemento diferenciador de la personalidad, la trayectoria vital y la proyección futura de la ciudad.

Es, pues, la ovetense una capitalidad mucho más densa de lo común. Para comprenderla es necesario remontarse al siglo IX, cuando Alfonso II el Casto asienta la Corte del Reino Astur y engrandece culturalmente la ciudad siguiendo el ejemplo de la Toledo visigoda. También desde el año 802 Oviedo se convierte en sede episcopal, concentrando por tanto los poderes político y religioso, que definirán desde entonces la condición de la urbe y de sus moradores.

De capital regia -imperial al decir del filósofo Gustavo Bueno, teniendo en cuenta las relaciones entre Alfonso II y Carlomagno- pasó Oviedo a ser capital de Principado desde 1388, cuando Juan I de Castilla otorga tal distinción a la Región. Y a comienzos del siglo XVII, en 1608, se funda la Universidad de Oviedo, centro aglutinador de la educación, la sabiduría y la cultura asturiana.

La concentración de poderes se completará con el judicial en 1718 -creación de la Audiencia- y el financiero, con el nacimiento de la revolución industrial en el XIX.

Ya contamos, entonces, con todos los elementos que definen la personalidad de la ciudad: capital política y militar, eclesiástica y judicial, financiera y comercial, universitaria y cultural. Todo este bagaje no ha sido desperdiciado por los ovetenses. Muy por el contrario, ha servido para formar un personal poso en el que las huellas del pasado imprimen nítidas el carácter y el devenir de la ciudad, sirviendo igualmente de inmejorables guías orientadoras del camino a seguir en el nuevo milenio que ahora comienza.

Ahí están los monumentos prerrománicos o asturianos, pétreos testigos artísticos de un esplendoroso pasado regio. De ellos, hasta cinco -Santa María del Naranco, San Miguel de Lillo, San Julián de los Prados, Foncalada y la Cámara Santa de la Catedral- han sido declarados Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, al ser reconocidos únicos por su estilo en el mundo y en el tiempo.

Y qué se puede decir de la impronta marcada por la Catedral a lo largo de los siglos, tutelando con su afilada y esbelta torre gótica la urbe que crecía a sus pies. En la Santa Basílica ovetense se venera la reliquia más importante de la Cristiandad, el Santo Sudario, que se muestra a los fieles tan sólo dos veces al año (Jueves Santo y San Mateo), y se custodia un extraordinario tesoro artístico que reúne algunos de los mejores ejemplos universales del románico, tanto escultóricos ?Apostolado y Calvario de la Cámara Santa-, como pictóricos ?miniaturas del Libro de los Testamentos- y orfebres ?Cruz de los Ángeles, Cruz de la Victoria, Arca Santa...

Pero la sombra de la Catedral es más alargada, convirtiéndose en punto de partida creador de la inicial Ruta Jacobea y en visita obligada para los peregrinos en su regreso desde Santiago, romeros que podían ?y pueden- ganarse la Perdonanza en el mes de septiembre. Precisamente este año es Jubilar en Oviedo. A la sombra de la Catedral e inspirado por ella escribió La Regenta Leopoldo Alas, "Clarín". ¡Cuánta diferencia entre aquella Vetusta clariniana y la actual Oviedo! El escenario novelesco describe una ciudad decimonónica dormida en la que casi nunca sucede algo, mientras la capital de hoy bulle en frenética actividad transformadora, preparándose para el reto de este siglo XXI.

En efecto, desde hace una década vive la ciudad un constante renacer que ha visto la rehabilitación y protección de su casco histórico y artístico; la recuperación para el peatón del centro urbano, remozado y especializado en un comercio altamente cualificado; el fomento del arte con grandes esculturas instaladas en espacios públicos; y la generalización a todo el ámbito urbano de las mejoras en los servicios y dotaciones, hasta el punto que hoy es prácticamente indistinguible un barrio periférico del mismo cogollo ovetense, algo inusual en las ciudades españolas y europeas. En su afán por modernizarse, Oviedo se convirtió en el motor vital de toda Asturias no solo económica sino de identidad.

Desplazarse por la geografía asturiana permite constatar (en aceras, plazas, arbolado, alumbrado, limpieza, peatonalización...) hasta qué punto Oviedo se erigió en el modelo a seguir para decenas y decenas de poblaciones. Oviedo demostraba así su capitalidad. Y una vez engalanada, brillante (ha sido considerada la ciudad más limpia de España y de Europa), no se ha detenido la Oviedo a gozarse narcisamente ante el espejo. Aprendiendo del pasado, se ha estudiado a fondo y ha comprendido cuál es el destino que la actual sociedad y economía le depara. Una capital de servicios. La principal preocupación en estos años ha sido impulsar la construcción de las dotaciones necesarias que permitan competir en el intenso mercado que se avecina para este tercer milenio.

Tradicionalmente melómana, la ciudad ha sumado a su veterana temporada de ópera (la más longeva del panorama nacional), el festival de zarzuela más importante de cuantos se desarrollan en la actualidad en España, convirtiendo al Campoamor en un teatro estrictamente especializado en la lírica (con 50 funciones oficiales de ópera y zarzuela).

En 1999 se inauguró el Auditorio Príncipe Felipe, y mientras se concluye el moderno, espectacular y específico Palacio de Congresos de Santiago Calatrava en el mismo centro de la ciudad, el auditorio alberga una intensa actividad congresual desde hace dos años.

Oviedo ha apostado en erigirse en meca de los servicios. Una ciudad que cuenta con mil trescientos años de experiencia, volcada en un turismo de calidad, desde el congresual y científico hasta el musical de gran tradición, pasando por el religioso o el cultural con un arte único e irrepetible. Y con los prestigiosos Premios Príncipe de Asturias, universalmente conocidos. Ahora más que nunca se redcuerda que Oviedo es la capital del paraíso.

La capital hermosa y acogedora

GABINO DE LORENZO
Alcalde de Oviedo.

Oviedo es una capital cultural y de servicios y si hubiera que definirla en pocas palabras se podría decir que es una ciudad acogedora, hospitalaria y hermosa. Es evidente que, como alcalde, debo tener una visión muy positiva de nuestro municipio, pero creo sinceramente que esta definición responde fielmente a la realidad. Y otro rasgo que destacaría es que los ovetenses nos senti-mos muy orgullosos de ella; un orgullo que se ve ratificado día a día al comprobar que cuantos nos visitan terminan queriendo y admirando también a nuestra ciudad.

Como capital milenaria contamos con un rico patrimonio histórico y monumen-tal, presidido por las joyas del arte prerro-mánico, que han sido reconocidas mundial-mente como Patrimonio de la Humani-dad, la Catedral y las huellas del Camino de Santiago, entre otras. Como ciudad moderna, contamos con un desarrollo urbano adecuado al paseo y que pone en valor muchos rincones y plazas entrañables que se descubren a través de sus calles pea-tonales mientras se puede admirar un auténtico museo en la calle de esculturas de los mejores artistas (Dali, Botero, Hugué, Úrculo...); como capital cultural, disponemos de dotaciones como el cente-nario Teatro Campoamor o el Auditorio Príncipe Felipe en los que se desarrolla intensa actividad (conciertos sinfónicos, Temporada de Ópera, Temporada de Zar-zuela, teatro...) durante todo el año; y como ciudad para vivir y descubrir dispo-nemos de un alto nivel de calidad de vida, como una de las capitales más limpias y seguras de España.

Woody Allen, Premio Príncipe de Astu-rias de las Artes, dijo tras pasear por las calles de esta ciudad, que "Oviedo es una ciudad deliciosa, exótica, bella, limpia, agradable, tranquila y peatonalizada; es como si no perteneciera a este mundo, como si no existie-ra... Oviedo es como un cuento de hadas". Estas palabras tan hermosas son el mejor resumen de lo que es Oviedo y de cómo se proyecta hacia quienes la visitan.

 

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