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El Athena, de "Visión Cruceros", recorre en 10 días las costas de Túnez, Malta, Grecia, Italia y Francia
Bienvenidos al Mediterráneo
LUIS GARCÍA Y CONCHA ALLENDE
Once itinerarios por el Mediterráneo ofrece este verano desde Barcelona la compañía "Visión Cruceros". Son vacaciones singulares de hasta 13 días de duración que incluyen las islas griegas con el "Visión Athena". El itinerario "Encantos del Mediterráeo" emplea diez días en surcar las tranquilas aguas del Mare Nostrum para acercarse a Túnez, Malta, Mónaco Grecia, Italia y Francia.
¡Bienvenidos a bordo! Esta es la exclamación tópica que escuchan quienes por trabajo o por placer ponen el pie en las escaleras por las que acceden al barco para pasar unos días de descanso y diversión. Visión Cruisses pone a disposición del pasajero el buque Athena, de mediano tamaño, para el descanso y el ocio. Ni es la ciudad flotante impersonal y abigarrada, ni tampoco el barquito de cabotaje fácilmente bamboleado por las aguas. Se puede decir que reúne la difícil proporción de acoger una población de pasajeros adecuada, donde todos pueden conocerse y donde todos recorren el buque al segundo día, "sabiéndosele" y localizando los comedores, las discotecas, sala de fiestas, internet, biblioteca, casino, tiendas, piscina, bares, clubes y terrazas sin perderse.
El capitán, el portugués Antonio Morais, se confunde con el pasaje "alternando" con cualquier grupo, ya sea de jóvenes como de mayores, y con una sonrisa indeleble que reafirma la confianza de que el "pueblo flotante" está en buenas manos. La afabilidad del capitán contrasta con la discreción personificada de la directora del Crucero, la latina Sonia Areco, cantante en su día.
En la presentación que hizo el capitán al pasaje hubo unanimidad en proclamar que la persona más importante de la tripulación era el cocinero. La "animación" tuvo pleno total en la aceptación de los cruceristas: Risas y sonrisas continuas dentro y fuera de las actuaciones. Y, finalmente, algo siempre difícil y mejorable: las excursiones.
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No olvidemos que un crucero no es un viaje turístico-cultural en su fin, sino un mecanismo de descanso, diversión y esparcimiento donde se llega a lugares que merecen ser visitados. Pudimos disfrutar de unas horas en Túnez, maravillarnos en Malta, ya desde su majestuosa entrada en el puerto al amanecer hasta que con tristeza dábamos por finalizada la visita sin habernos hartado de disfrutar de sus monumentos, calles y casas; también pudimos poner pie en tierra helénica, visitando la isla de Corfú, donde algunos hicimos turismo de añoranza de la emperatriz "Sisí", sus melancolías y sus retiros de oro, mientras nuestros móviles recibían un mensaje de "Bienvenida a la red telefónica de Albania", ya que estábamos a tres kilómetros de su costa.
En Mesina tuvimos la oportunidad de asomarnos a Sicilia e incluso algunos no resistieron las tentación de ver por sí mismos los escenarios naturales de la filmación de El Padrino y de otras películas de la Mafia.
Nápoles dio opción a unos por la arqueología, visitando las ruinas de Pompeya, y a otros por la belleza natural de Capri. En Roma no podía faltar la visita al Vaticano ni al Coliseo, entre un rapidísimo recorrido por lo más clásico de la Ciudad Eterna. Hubo incluso quien sacrificó el tiempo libre para comer empleándolo en visitar en taxi lugares que no quería perderse.
Quedaba Niza y Mónaco: Nadie estaba rendido aún y la mayoría acometimos la tarea de saciar nuestra curiosidad sobre el gran premio de Fórmula 1, el Casino y otras veleidades hasta apurar el tiempo para embarcar; y aquí sí que se acababan nuestras andanzas por tierra. Había que prepararse para pasar una noche de fiesta, que lo fue de verdad, y tomar nota de los preparativos para el desembarco.
El balance no puede ser más positivo: Más kilos, pero más descanso, optimismo, nuevas amistades y también eso de que "el mundo es un pañuelo" cuando te responden a la pregunta "¿De dónde eres?" y tú añades que "de allí tienes un amigo que resulta pariente de los tuyos"... Volveremos.
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