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Nava del Rey celebra "La Bajada y Subida de la Virgen de la Concepción", fiesta de Interés Turístico Regional

Los Pegotes: Religiosidad y fuego

JOSÉ MANUEL RODRÍGUEZ

La Bajada y Subida de Nuestra Señora de la Concepción, conocida popularmente como la Virgen de los Pegotes, es la fiesta más arraigada del municipio vallisoletano de Nava del Rey y una de las celebraciones más singulares de cuantas se celebran en Castilla y León. No en vano, recientemente ha sido declarada de Interés Turístico Regional. Un hito que, al igual que en otras localidades españolas, articula el calendario devocional y festivo en torno al culto a la Inmaculada Concepción, madre suprema y figura deificada de la mujer, a la vez que divinidad protectora de los campos navarreses, actualmente de cereales, en su mayor parte, y hace unos años de copiosas vides.

Las primeras referencias a Nuestra Señora de la Concepción nos trasladan a mediados del siglo XVI, fecha en la que se construye la homónima ermita en el Pico Zarcero, un otero situado a 1 km del casco urbano y a 778 metros de altitud. El paraje bien puede denominarse con propiedad "mesa". En pocos lugares los diferentes derivados del altarium latino combinan tan bien; así, al sentido religioso se le une, y seguramente le precede, el resalte físico que facilita las referencias espaciales para otear el concepto de "llanura castellana".

Atraídos por el lugar y la prosperidad de la localidad, a finales del siglo XVI un grupo de religiosos transformó la ermita y sus dependencias para fundar el Convento de San Agustín. Posteriormente, tras abandonar la ermita los agustinos, el templo retomó el culto público a la Virgen, bajo la advocación de Nuestra Señora de la Cuesta o del Pico Zarcero, aumentando su devoción durante el siglo XVII con numerosas rogativas para encomendar las cosechas a la voluntad mariana. Esta devoción culmina en el año 1745, cuando el Ayuntamiento le vota por Patrona y acuerda celebrar perpetuamente un novenario en su honor del 30 de noviembre al 8 de diciembre, descendiendo a la imagen hasta la parroquia en solemne procesión y nueve días más tarde volverla a subir a la ermita.

No sin poca leyenda, los cronistas de la época cuentan que momentos antes de esta primera celebración se declaró una tormenta que obligó a retrasar la procesión e iluminar artificialmente el trayecto con hogueras y antorchas o "pegotes", de donde surge el apelativo de "Virgen de los Pegotes". El resultado fue tan vistoso que el fuego perduró en las calles de Nava del Rey a lo largo de los siglos, de ayer a hoy.

Inicialmente, la Virgen descendía en andas o carruajes cedidos por los vecinos, hasta que en 1893 se fabricó ex profeso el actual coche de caballos -costeado por el acaudalado vecino Eustaquio Pino Rodríguez- que es tirado por mulas, animal habitual en los quehaceres agrícolas de Nava del Rey. El ganado es sabiamente conducido por un grupo de muleros que retan a la gélida noche con ponche y vino añejo, ofrecido por los vecinos. Además, es habitual que fumen puros -obsequio del Ayuntamiento desde el siglo XIX- y que luzcan un pañuelo en la cabeza para protegerse de las flamantes chispas. Dentro del coche, igual que en centurias pasadas, la Patrona es escoltada por el párroco, el alcalde y Carlos Pino Pino -descendiente del donante del coche- o en quienes éstos deleguen, lo que supone una clara puesta en escena de los poderes religioso y civil.

La Bajada de la Virgen se celebra en la noche del 30 de noviembre cuando la Inmaculada Concepción abandona la ermita del Pico Zarcero y da comienzo la procesión. En las calles de la Ciudad, al igual que en el siglo XVIII, no faltan ni el calor de las hogueras, ni la luz de los pegotes. La procesión culmina en la parroquia de los Santos Juanes cuando la Virgen alcanza el dosel del altar mayor, alentada por incesantes vítores, conocidos popularmente como vivas, jaculatorias inspiradas en la letanía de la Virgen o lauretana y que a lo largo de los siglos se han adaptado a la propia fiesta o incluso recuerdan pasajes de las guerras coloniales:

¡Viva la que cura a los enfermos!

¡Viva la Estrella de la mañana!

¡Viva la Puerta del Cielo!

¡Viva la que nos defendió en los campos de batalla!

Originalmente, La Bajada se celebraba el 6 de diciembre, hasta que en 1962 el Ayuntamiento lo permutó por el 30 de noviembre para que la imagen estuviese en la parroquia durante toda la novena.

La Subida tiene lugar el día 8 de diciembre al finalizar el novenario, cuando la Hermandad Hijas de María, engalana a la Virgen con mantos y joyas para comenzar la procesión de regreso hacia la ermita. Durante el recorrido, la comitiva efectúa diferentes pausas para que los fieles dediquen sus vítores a la Patrona. En la calle Manuel Salvador Carmona, una de las más nobles de la localidad, por su zona de soportales, de gran anchura, el fuego se acompasa al ritmo de la campana de las Terciarias Franciscanas, un antiguo convento y colegio en cuyo subsuelo se ubican las Bodegas Urdil, morada silente de los mejores vinos blancos de Nava del Rey, que pude visitarse a modo de museo.

Mientras, los vecinos se agrupan en torno al fuego para contrarrestar el frío y presenciar el desfile, al tiempo que la Virgen se detiene delante de las hogueras, hoy realizadas con pino y antiguamente con sarmientos y viejos cestos de mimbre empleados en la vendimia.

A la salida del casco urbano la procesión se detiene nuevamente para que el párroco dirija una breve alocución antes de cantar la Salve de despedida. A pocos metros, un nutrido grupo de jinetes pone luz con sus pegotes a la noche navarresa más importante del año para acompañar al carruaje de la Virgen hasta el Pico Zarcero. El paso se aligera por la pedregosa Cañada de Valdego, donde los cascos de los caballos y el circular de las ruedas de la carroza rompen el silencio de la oscuridad con sonidos centenarios.

El recuerdo a los difuntos también tiene su momento, no solo por su cita en los vítores (¡Viva la Madre de los Ausentes!), sino por la hoguera que arde, llama viva de la memoria, frente al camino que conduce al camposanto, donde la comitiva se detiene unos instantes para rezar varias oraciones.

El fervor se dispara con la llegada a la ermita. Allí el eco de los vítores se hace sobrecogedor hasta que la Virgen es colocada en el altar mayor. En ese momento, los fieles entonan el himno mariano, compuesto en 1959 por Julián García Blanco, entonces Maestro de Capilla de la Catedral de Valladolid, y escrito por José Luís Martín Descalzo, sacerdote toledano y Premio Nadal de Literatura.

Antiguamente se recogían las brasas de las hogueras para encender lumbres caseras, braseros de carbón y, sobre todo, para asar castañas, fruto típico de la temporada, que da nombre a una de las advocaciones más populares de esta imagen: la Virgen de las Castañas. Rememorando esta práctica tanto La Bajada como La Subida finalizan en el municipio con una degustación popular de productos típicos y castañas asadas o cocidas con anís, que sin duda ponen el mejor de los finales a esta tradición y ritual del fuego mariano.

Un mérito de todos los navarreses

CIRILO MORO GARCÍA
Alcalde de Nava del Rey.

El pasado 29 de julio, la Junta de Castilla y León declaró "La Bajada y Subida de Ntra. Sra. de la Concepción: Virgen de los Pegotes" como Fiesta de Interés Turístico Regional, decisión que se hizo oficial el 8 de agosto al publicarse la resolución en el Boletín Oficial de Castilla y León.

Otras Corporaciones iniciaron este camino promocional, nosotros sólo hemos recogido sus frutos. Además, a ello han contribuido asociaciones navarresas, colectivos de investigadores, etnógrafos, antropólogos, profesores de más de 15 universidades españolas y extranjeras, así como un buen número de Instituciones y Ayuntamientos de la Región.

Una labor conjunta y coordinada que se completó en enero de 2008 con sendos informes de la promoción y difusión de la Fiesta a través de la exposición fotográfica "Crepitares", imágenes que ilustran de principio a fin las peculiaridades del tradicional evento. La muestra ha recorrido diferentes puntos de la geografía española y portuguesa y actualmente se expone en la "Casa de la Festa" de Elche. Asimismo, muy pronto lo hará en el Palacio de Pimentel de Valladolid y en la "Fundación Joaquín Nabuco" de Recife (Brasil).

Con todo, el mérito de esta Declaración se debe a las gentes de Nava del Rey que desde el año 1745 han mantenido la esencia de esta Fiesta. Generaciones y generaciones que nos han legado esta singular y multidisciplinar tradición rica en valores religiosos, históricos, patrimoniales, identitarios y culturales que tenemos obligación de conservar, difundir y si cabe mejorar.

 

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