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Entre las 180 obras que se exponen en la concatedral de San Pedro, procedentes de la Diócesis de Castilla y León
Soria muestra 14 joyas de las Edades del Hombre
CARLOS GARCÍA
La exposición de Las Edades del Hombre se exhibe ahora en Soria, en su decimoquinta edición, desde que iniciaran su andadura en Valladolid, el 24 de octubre de 1988, y culminaran en abril de 1989 con más de un millón de visitantes. La magna exposición muestra entre las 180 obras procedentes de la Diócesis de Castilla y León 14 joyas artísticas, obras maestras, cada una de una exposición anterior. Se cierra así, en Soria, un capítulo en el recorrido de las Edades del Hombre iniciado hace dos décadas por las catedrales y concatedrales de la Comunidad de Castilla y León.
La provincia de Soria ya celebró una edición de Las Edades del Hombre, en 1997, cuando se inauguró la magna exposición artística en El Burgo de Osma con el título de ?La ciudad de seis pisos?, que fue un recorrido cronológico en seis etapas por la historia de la Diócesis de Osma-Soria. El guión explicaba qué es una Diócesis y la misión del Obispo en su cátedra. Ahora, la exposición inaugurada el 12 de mayo tiene lugar en la concatedral de San Pedro, en la ciudad de Soria.
La exposición quiere ser un acercamiento a las personas que han vivido en esta Diócesis, tratando de mostrar sus raíces y su paisaje interior, es decir: la fe, las vivencias, los valores y devociones que han marcado sus vidas. El título de la exposición, ?Paisaje interior, evoca a Soria?, porque esta ciudad es conocida y ha sido cantada por su paisaje. El título también evoca espiritualidad, porque es paisaje interior.
El título y el contenido de la Exposición son también contrapunto al tiempo presente marcado por las prisas y muy poco dado a detenerse, al silencio y a la reflexión para reconocer las raíces, la fe y los valores sobre los que ha crecido el hombre y de los que se está alimentando también en el presente. Para evocar ese paisaje interior se ha escogido como cartel la imagen de la palmera de San Baudelio. Es una imagen muy representativa del patrimonio religioso de la Diócesis, que nos acerca a los primeros cristianos que repoblaron esta zona tras la invasión árabe. Es un foco interior que proyecta hacia el cielo y que, a pesar de ser arquitectura, evoca también naturaleza y paisaje.
La exposición consta de una primera parte que se desarrolla en las naves de la concatedral y una segunda centrada en el claustro.
En la primera parte de la exposición se justifica el por qué de esta edición de Soria:
1º) Por el cincuenta aniversario de la elevación de la colegiata de San Pedro al rango de concatedral,
2º) Por ser Soria la única capital de la Región que no había tenido Las Edades del Hombre.
3º) Por celebrarse el noveno centenario de la muerte del Obispo que restauró la Diócesis: San Pedro de Osma.
La exposición se desarrolla con obras procedentes de todas las Diócesis de Castilla y León, con el lema del ?Paisaje interior?.
La segunda parte, o segundo momento de la exposición, ya en el claustro, es más una explicación del sentido del claustro y del arte románico que introdujeron los sembradores de la fe en estas tierras.
La concatedral de San Pedro registra una interesante historia cultural y artística. Hacia finales del siglo VIII se construyó una pequeña iglesia, de la que subsiste aún un vano que recuerda a los huecos triples asturianos, un arco de ventana mutilado que pudo ser de herradura, y hundida en el suelo lo que parece una portada de medio punto con los apoyos enterrados, por lo que sería de factura prerrománica o mozárabe. Con la repoblación de Soria y el valle del Duero, mediado el siglo XII, don Juan, obispo de Osma, donó la iglesia a los canónigos de la Regla de San Agustín, que decidieron derribar la iglesia primitiva y erigir una nueva. La colegiata románica se construyó con similares proporciones a las desaparecidas iglesias monásticas de Sahagún y Silos. De la iglesia mayor de Soria subsisten algunos vestigios integrados en el templo, como su magnífico claustro.
Entre las portadas de la Concatedral, destacan: La meridional o de San Pedro, plateresca, realizada hacia 1520. La portada de poniente, entrada principal de la de la primitiva colegiata románica, se convierte en renacentista a mediados del siglo XVI. Y la espléndida portada románica de la sala capitular, formada por óculos calados lobulados y arquillos de herradura, de evocación mozárabe, apoyados en dobles columnas, con capiteles de centauros, dragones, grifos y motivos vegetales de evocación silense.
Como admirable ejemplo de estilo románico en Castilla, el claustro se inició por el lado de poniente a mediados del siglo XII, y se continuó por los lados norte y este. Acabándose en los primeros años del siglo XIII. En sus galerías destaca todo un repertorio de basas de garras y capiteles decorados con motivos vegetales como hojas de acanto estriadas, palmetas y roleos; bestiarios formados por sirenas, grifos, leones, centauros y aves exóticas; y motivos historiados como la Anunciación y la Adoración de los Magos, San Pedro y San Pablo, San Jorge, San José, la Anunciación, los Reyes Magos, relieves relativos a la lujuria de mujeres desnudas, la cacería de un ciervo, y la psicóstasis (peso de las almas), un rey y una reina, y un monje recibiendo las ofrendas de los fieles. La Concatedral contiene en su interior obras artísticas de gran valor como el retablo mayor, del siglo XVI, dedicado a la vida y predicación de San Pedro Apóstol, del maestro Francisco del Río. El retablo de San Nicolás, plateresco, de mediados del siglo XVI, con influencias de la Escuela de Valladolid, y de Felipe Vigarny. Y el retablo de San Miguel, del siglo XVIII, dedicado a los arcángeles. Un magnífico tríptico flamenco, fechado en 1559, procedente de San Nicolás, una tabla castellana del siglo XVI de la Presentación del Niño Jesús. Un Cristo Románico, y un lienzo con la escena del Santo Sepulcro, obra de Tiziano, sobre el altar del trascoro.
Además se custodia el Lignum Crucis proveniente de la parroquia de la Santa Cruz. El 9 de marzo de 1959, tras años de peticiones, el Papa Juan XXIII, por Bula Quandoquidem Animorum, otorgó el título de concatedral a la colegiata de San Pedro, compartiendo la sede catedralicia con el Burgo de Osma.
La ermita de San Miguel de Gormaz, con inscripciones y relieves procedentes de antiguas construcciones romanas y visigodas, es un motivo también de las Edades del Hombre. Desde la edad del bronce, surgieron aquí asentamientos de grupos humanos ganaderos, celtas, romanos, visigodos, árabes, y cristianos que dejaron testimonios de su presencia. En la falda del cerro donde se asienta la fortaleza se conserva la ermita y a su alrededor la aldea de Gormaz. De origen visigodo, por el siglo VI, pudo ser destruida por la invasión árabe. Cuando el territorio es reconquistado por el Fernando I en el siglo XI, se funda la aldea de Gormaz con esta ermita dedicada a San Miguel, construida entre los siglos XI y XII. Mantiene una gran sencillez y austeridad exterior en muros, con espadaña a poniente. De una sola nave rematada con tejado a dos aguas, y ábside cuadrado, éste conserva una cornisa con relieve geométrico y un interior de bóveda de cañón.
Otro motivo de las Edades del Hombre lo constituye la ermita mozárabe de San Baudelio, del siglo XI. En San Baudelio se mantiene un gran influjo musulmán, dos bloques con planta cuadrada y exterior sencillo cúbico, forman nave y ábside del templo. Una vez atravesada la puerta se contempla el Edén, concebido como un gran árbol de piedra, una palmera de vivos colores, símbolo del paraíso, el oasis, la sombra, el frescor, la escala hacia lo alto después del largo camino de la vida. El jardín de las delicias, paraíso místico y oriental. Sobre la palmera, una especie de linterna o mirhab, parece el lugar de la ascensión suprema e inalcanzable, del silencio, del vacío, de la iluminación; la morada de Cristo.
Sobre las tinieblas de la gruta, la ermita estaba alegre y viva, coloreada. Las pinturas más antiguas, mozárabes, se situaban en la zona baja de los muros. Eran la representación del paisaje del paraíso, bajo la palmera hay pinturas con escenas cinegéticas: La caza del ciervo, imagen que preservaba del mal, representación de las almas; el cazador de liebres con lebreles, que reflejan la fragilidad del alma; un halconero, el triunfo de la fe frente al mal. Visiones terrenales que tienen un modelo muy antiguo, de tradición mesopotámica y romana. Un guerrero que parece islámico, o cristiano de frontera, parece el protector, el guardián del paraíso pintado. Águilas y leones en medallones, son símbolos de las realidades eternas, de la resurrección y la fuerza; toros, reflejo del instinto o apetito terreno; un dromedario, imagen de la humildad y del alma que medita; un oso, símbolo de la mansedumbre; y elefantes, símbolos de la fortaleza, castidad e inocencia, recreaban tanto la expresión simbólica de la vida y vida paradisíaca, como reflejaban el Arca de Noé los beatos de la época.
Las pinturas románicas, situadas en la nave, narraban lo teológico y espiritual: En los muros la Pasión y Muerte de Cristo: Las tres Marías ante el Sepulcro, la Resurrección; Las Bodas de Caná... En las bóvedas ocho episodios de la infancia de Jesús: La Anunciación y Visitación, La Natividad, la Anunciación a los pastores, la llegada de los Reyes Magos, el viaje de los Reyes Magos.... En los muros del ábside el Cordero Místico, la Paloma del Espíritu Santo, un ibis o pelícano (símbolo de la eucaristía), entre San Nicolás, San Baudelio, Cristo y María Magdalena, protegen el santuario.
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