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Sus Altezas Reales presidieron la entrega de los premios más reconocidos de España en ocho categorías, desde las Letras al Deporte

Premios Príncipe de Asturias: Prestigio y belleza

CARLOS GARCÍA

Oviedo rindió el homenaje anual a los galardonados con los Premios Príncipe de Asturias. El Teatro Campoamor fue el escenario en el que el optimismo y la reflexión sobre la situación del mundo estuvieron en boca de los protagonistas. La ceremonia, presidida por los Príncipes de Asturias, don Felipe y doña Letizia, duró casi dos horas. El Príncipe abogó por llevar a cabo una "reflexión sincera y profunda y un trabajo común que siente las bases para crecer y generar empleo". "Porque el paro hiere nuestra dignidad como seres humanos", afirmó.

Los ovetenses recibieron con música y ovaciones a los Príncipes y a los galardonados, que entraron al ritmo de los sones de los gaiteros "Ciudad de Oviedo". Los premiados desfilaron por la tradicional alfombra azul. Todas las miradas se dirigían a la pertiguista Yelena Ysimbayeva, galardonada con el Premio de los Deportes.

Los sones del himno de España abrieron el acto de entrega de premios: Ismail Kadaré, premio de Las Letras; la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), de Comunicación y Humanidades, y lo recogió su rector, José Narro; la Organización Mundial de la Salud, premio de Cooperación Internacional; Martin Cooper y Raymond Samuelson Tomlinson, de Investigación Científica y Técnica; Normas Foster, de las Artes; La ciudad de Berlín, premio de la Concordia; Lord David Attenborough, premio de Ciencias Sociales, y Yelena Isinbayeva, premio de los Deportes.

Margaret Chan, directora general de la Organización Mundial de la Salud (OMS), y Klaus Wowereit, alcalde de Berlín, pronunciaron los discursos. El presidente de la Fundación Príncipe de Asturias, Matías Rodríguez Inciarte, abrió el turno de discursos y mostró su confianza en el futuro, el esfuerzo y el poder de la imaginación.

El Príncipe don Felipe clausuró la ceremonia con una intervención en la que invitó a la población española a reflexionar sobre la situación del país y apostó por un trabajo "codo con codo, para crecer y generar empleo". Confió en la capacidad de los españoles para construir "un futuro más sólido y equitativo" e instó a mirar al futuro sin miedo. El Gobierno estuvo representado por los ministros Ángel Gabilondo, Trinidad Jiménez y Ángeles González-Sinde.

La Fundación Príncipe de Asturias premia anualmente a grandes personalidades de las Letras, la Investigación Científica, la Cooperación Internacional, la Comunicación y las Humanidades, las Ciencias Sociales, las Artes, la Concordia y los Deportes. Son los galardones más prestigiosos de España.

* Letras: Ismaíl Kadaré. 
* Investigación Científica y Técnica: Martin Cooper y Raymond Samuelson Tomlinson.
* Cooperación Internacional: Organización Mundial de la Salud (OMS).
* Comunicación y Humanidades: Universidad Nacional Autónoma de México.
* Ciencias Sociales: Lord David Attenborough.
* Artes: Norman Foster. 
* Concordia: La ciudad de Berlín, en el XX aniversario de la caída del Muro.
* Deportes: Yelena Isinbayeva.
* Dotación de los premios: Diploma, escultura de Joan Miró, una insignia de la fundación y 50.000 euros.
* Ceremonia: Teatro Campoamor (Oviedo).
* Periodistas acreditados: Más de 1.000, de un centenar de medios.

 

Homenaje póstumo a nuestro colaborador Sabino Fernández Campo, que publicó este artículo en el número especial de Asturias

"Amor a Asturias y amor a España"

SABINO FERNÁNDEZ CAMPO
Ex jefe de la Casa de S.M. el Rey

Publicamos como homenaje póstumo al que fue jefe de la Casa de S.M. el Rey, Sabino Fernández Campo, y colaborador de Lo mejor de las Autonomías, el artículo que escribió sobre Asturias en nuestra revista. Es una valiosa reflexión sobre el carácter de los asturianos, "a los que el cariño a esta tierra no es obstáculo para querer a España con todas nuestras fuerzas". Contrario a las veleidades independentistas, recordaba el lema de que "el amor a Asturias fortifica el amor a España".

Si busco en el pasado lejano un recuerdo sencillo, pero significativo y aplicable a la Asturias actual, me viene a la memoria el lema que figuraba en la cabecera del diario "Región" de Oviedo, hace tiempo desaparecido, al que me sentí muy ligado por la relación que con él tenía mi padre. Un lema que decía aproximadamente así: "El amor a Asturias no excluye, antes fortifica, el amor a España".

Siempre lo tengo grabado en mi mente porque a través de los años transcurridos, sigue manteniendo una permanente vigencia. Pienso que esa breve afirmación refleja perfectamente el carácter asturiano, nuestros sentimientos y el espíritu que nos anima.

Cuando el sistema político de las Autonomías origina ciertas complicaciones y estamos viviendo delicados momentos con aspiraciones independientes en algunas regiones, conflictos sobre competencias e iniciativas diferentes en distintas partes del territorio nacional, debemos celebrar que en Asturias no existan problemas de esa clase, aunque nos enfrentemos con otros más o menos graves, pero superables con buena voluntad, porque los asturianos, que queremos entrañablemente a nuestra tierra, nos sentimos integrados en una España que contribuimos a formar y también llevamos con inmenso cariño en lo más profundo de nuestra alma.

Como decía la sentencia del viejo periódico "Región", esos dos amores son perfectamente compatibles y se refuerzan mutuamente. Yo confieso, muy feliz, que me siento español cuanto más asturiano y más asturiano cuanto más español.

Es preciso resaltar, con un carácter general, el riesgo que encierran ciertas iniciativas originales de los Gobiernos autonómicos que contradicen la conveniencia de una regulación común, aplicable al Estado en su conjunto, sobre determinadas materias que deben reunir este carácter unificado.

Cuando en el proceso de elaboración del texto constitucional, en la transición española, se tropezó con el obstáculo de los Estatutos especiales y tradicionales de determinadas regiones, se pensó que se había llegado a una inteligente solución al extender los privilegios autonómicos a la totalidad de las regiones de la Nación. Fue el famoso "café para todos".

La redacción del artículo segundo del texto Constitucional de 1978, se consideró como un hallazgo que permitía superar el estancamiento producido. Su redacción -con independencia de la abundancia de conjunciones copulativas- es digna de ser recordada por las contradicciones que puede encerrar: "La Constitución se fundamenta en la indisoluble unidad de la Nación española, patria común e indivisible de todos los españoles, y reconoce y garantiza el derecho a la autonomía de las nacionalidades, y regiones que la integran y la solidaridad entre todas ellas". Si el optimismo presidió el hallazgo de la fórmula que permitía avanzar en la redacción del texto constitucional, no puede por menos de reconocerse que con el tiempo se llegan a descubrir en él ciertas sombras que pueden conducir al pesimismo y ser objeto de preocupación. Y es preciso tomar todas las medidas necesarias para que no se produzca un desbordamiento de competencias autonómicas que originan contradicciones, divisiones no deseables, duplicidades innecesarias y, en resumen, una verdadera confusión legislativa y una amenaza de disparidades contrarias a la solidaridad.

Hay muchos temas que deben contemplarse desde la perspectiva de unidad indispensable para toda España, sin que cada entidad autónoma trate de establecer sus excepciones y sus criterios propios reflejados en la correspondiente legislación que se pretende apoyar en los estatutos respectivos, pero que pueden ir minando la indisoluble unidad de la nación española, patria común e indivisible de todos los españoles, proclamada constitucionalmente como fundamental.

Pero por encima de complicaciones legislativas y administrativas, que pueden contribuir a alterar la unidad lograda con esfuerzo de siglos, están los sentimientos a que aludía el viejo encabezamiento de ?Región", que hoy quiero evocar como símbolo de lo que sentimos los asturianos, sin que se produzca ninguna oposición entre el cariño a la patria chica y el cariño a la patria grande. Quiera Dios que esa sea una de nuestras más destacadas características y que la mantengamos siempre viva, mientras en otros lugares se llegan a apoyar en la violencia los deseos de independentistas, como contraste a una época en que todo conduce a la formación de entidades cada vez más amplias, aún sin perder en modo alguno las identidades específicas, con su historia, sus tradiciones, sus costumbres y sus características propias.

Si Asturias sirvió de cuna a la Reconquista, hay que confiar en que los asturianos sigamos abrigando unos sentimientos de unidad y cooperación, opuestos a toda idea de fragmentación de España y de establecer desigualdades en materias que no necesitan ser desiguales.

 

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