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El Museo Guggenheim Bilbao presenta ¡Rusia!, la muestra de arte ruso cronológicamente más amplia exhibida fuera de aquel país, y que ya ha recibido un récord de visitantes y el elogio de la crítica en su presentación en el Solomon R. Guggenheim Museum de Nueva York. Con 275 objetos, esta innovadora exposición presenta, del 29 de marzo al 3 de septiembre, grandes obras maestras del arte ruso desde el siglo XIII hasta el presente, e incluye iconos; retratos tanto escultóricos como pictóricos desde el siglo XVIII hasta el XX; el realismo crítico del siglo XIX y el Realismo Socialista de la era comunista; el paisaje a través de los siglos; la abstracción pionera; y el arte contemporáneo experimental. Muchas de estas obras se exponen fuera de Rusia por primera vez y algunas de ellas han sido prestadas expresamente para su presentación en el Museo Guggenheim Bilbao. La muestra también incluye una selección de pinturas y esculturas del arte de Europa Occidental procedentes de las colecciones imperiales reunidas por Pedro el Grande, Catalina la Grande y Nicolás I en los siglos XVIII y XIX, y de las colecciones que los comerciantes moscovitas Serguei Shchukin e Iván Morozov lograron reunir a comienzos del siglo XX. Estas piezas atestiguan la visión y audacia de los coleccionistas rusos, la perceptible influencia de estas extraordinarias colecciones en el desarrollo del arte ruso, y la especial relación entre Rusia y Occidente. Un importante número de piezas de esta selección se han visto fuera de Rusia en contadas ocasiones o nunca antes, como los iconos de los pintores Andrei Rublev, del siglo XV, y Dionisii, del siglo XVI; el Sakkos (vestimenta) del patriarca Adrián de la Iglesia Ortodoxa rusa, que data de finales del XVII; la épica escena marina de Iván Aivazovski "La novena ola" (1850); la conocida Sirgadores del Volga, (1870?73), de Ilia Repin; el Contrarrelieve de Vladimir Tatlin, de 1916; o una de las más icónicas pinturas de la época soviética "V. I. Lenin en el Smolni" (1930) de Isaac Brodski. Las obras proceden de los museos más importantes de Rusia ?el Museo Estatal de Arte Ruso, la Galería Estatal Tretiakov, el Museo Estatal Ermitage y el Museo del Kremlin? así como de museos regionales y colecciones particulares rusos, y algunos museos y coleccionistas privados de fuera de Rusia. ¡Rusia! mantiene la política de la Solomon R. Guggenheim Foundation de presentar exposiciones pioneras dedicadas al arte ruso que, hasta la fecha, han sido Art of the Avant-Garde in Russia: Selections from the George Costakis Collection (1981), The Great Utopia: The Russian and Soviet Avant-Garde, 1915?1932 (1992), Amazonas de la vanguardia (2000) y Kazimir Malevich: Suprematism (2003). Como Director de la Fundación, Thomas Krens afirmaba que "indudablemente, una exposición de este calado y alcance será irrepetible en esta generación".
La exposición ¡Rusia! está comisariada por un equipo de especialistas rusos y norteamericanos que incluyen al director de la Fundación Guggenheim, Thomas Krens; Valerie Hillings, conservadora del Solomon R. Guggenheim Museum; Lidia Iovleva, primera vicedirectora general de Investigación de la Galería Estatal Tretiakov; Evgenia Petrova, vicedirectora de Asuntos Cientificos del Museo Estatal de Arte Ruso; y Zelfira Tregulova, subdirectora y Jefa de Exposiciones e Intercambios Internacionales del Museo-Reserva Estatal Histórico y Cultural del "Kremlin de Moscú". Concebida como una serie de momentos clave de la historia del arte en Rusia, las secciones que componen la muestra ofrecen un panorama de las notables interconexiones existentes entre la historia del arte ruso de los últimos novecientos años y sus colecciones de arte occidental desde el siglo XVIII, y demuestra la importante contribución de Rusia a la historia del arte mundial más allá de los conocidos y reverenciados iconos de la fe ortodoxa rusa y de las vanguardias de comienzos del siglo XX. La exposición se ubica en las salas del segundo piso y en las galerías 301, 302, 303 y 304 del tercer piso del Museo, y prácticamente cada sala presenta un capítulo sucesivo de la historia de ¡Rusia! La primera sección está dedicada a la Rusia medieval, la era de los iconos, desde el siglo XIII hasta el XVII, e incluye múltiples paneles de la Déesis (filas principales) y otras filas como la de los Profetas o la de de las festividades de la Iglesia, correspondientes al famoso iconostasio (muros que separan la zona de la congregación del nicho del altar) del Monasterio de San Cirilo de Berlocec, que fueron repartidos entre cuatro museos durante la era comunista. Este impresionante conjunto de imágenes incluye tablas que no se vieron en la exposición en Nueva York y que serán instaladas en una pared evocando su posición original en el iconostasio. La sección se completa con las majestuosas obras decorativas de los siglos XVI y XVII procedentes de la Armería del Museo del Kremlin, así como por una impresionante selección de objetos litúrgicos de madera, esculturas y una pareja de Puertas Reales talladas que se utilizaban para separar el altar de la congregación. Esta sección también incluye una extraordinaria selección de iconos representativos de los temas y escuelas más importantes desde el siglo XII hasta el siglo XVII, con ejemplos de los afamados pintores de iconos Andrei Rublev y Dionisii. Los iconos de esta sección ponen de relieve cómo los artistas rusos absorbieron y recurrieron al modelo bizantino, e incluso cómo los transformaron para crear su propio estilo y su propio lenguaje artístico.
Las secciones segunda y tercera están dedicadas a las colecciones aristocráticas e imperiales de los siglos XVIII y comienzos del XIX, y al arte ruso del siglo XVIII, respectivamente. En términos artísticos, el siglo XVIII supone el nacimiento del arte secular ruso, un período en el que Pedro el Grande (1672?1725; zar entre 1682 y 1725) fundó su propia ventana a Occidente, San Petersburgo, e instigó una serie de reformas que relegaron el dominio de la Iglesia Ortodoxa rusa y sus tradiciones, incluida la pintura de iconos. Una generación más tarde, la nieta política de Pedro, Catalina la Grande (1729?1796, zarina de 1762 a 1796), reunió una colección de pintura occidental de primer orden en su Ermitage personal, y favoreció el desarrollo de un sistema académico para el arte basado en el modelo occidental, que incluía becas para que los mejores estudiantes de la Academia de las Bellas Artes estudiaran en el extranjero. El contacto con la tradición europea a través de diversas fuentes por parte de los artistas rusos del XVIII, incluido el pintor Dimitri Levitski, y el escultor Fiodor Shubin, da lugar a un notable género oficial de retratos tanto de la familia imperial como de la nobleza, que capturan su tiempo ?la era de Catalina? de un modo tan brillante y rico como sus coetáneos en la Europa occidental Joshua Reynolds o Jean-Antoine Houdon. Por su parte, y casi en el siglo XIX, artistas como Fiodor Alekseiev producen unos asombrosos paisajes de Moscú y San Petersburgo. La cuarta sección presenta el siglo XIX. La primera mitad de este siglo viene marcada por el elevado nivel y alcance del arte ruso: desde el retrato romántico hasta las presentaciones intemporales de la vida campesina; desde escenas históricas de la vida de Cristo hasta tumultuosas y épicas escenas marinas. Estas décadas están representadas por artistas tan notables como Orest Kiprenski, Alexei Venetsianov, Karl Briulov, Alexander Ivanov e Iván Aivazovski, cuyas obras no sólo son comparables a las de sus contemporáneos extranjeros sino que, en algunos casos, anticipan desarrollos de Occidente; por ejemplo, las idílicas escenas campesinas de Venetsianov de mediados de la década de 1820 anteceden la obra más familiar del artista francés Jean-François Millet en casi treinta años. En la segunda mitad del siglo, un grupo de artistas formado en los años 1860 y activo hasta la década de 1890, conocidos como los pintores Ambulantes, rechazaron las limitaciones del sistema académico y prefirieron presentar su arte a un público más amplio, organizando exposiciones itinerantes. Pusieron de relieve la función social del arte, es decir, el arte como herramienta para el comentario y la crítica social, especialmente acerca de las brutales condiciones de vida y de represión política de la época. Compartiendo con Edouard Manet y los impresionistas como Edgar Degas su interés por mostrar el lado más feo de una sociedad dividida en clases, y en la misma línea que muchos de sus contemporáneos de Alemania, Bélgica o Estados Unidos, los Ambulantes pusieron de manifiesto el contenido narrativo de la obra de arte más que la experimentación formal. De entre este grupo de artistas destacan Ilia Repin, Iván Kramskoi, Nikolai Gue, y los paisajistas Isaac Levitan e Iván Shishkin. Fueron las obras de los Ambulantes las que constituyeron las bases de la gran colección de Pavel Tretiakov, actualmente en la Galería Estatal Tretiakov. Además, estos artistas, de forma parecida a lo que un poco antes había hecho Gustave Courbet en Francia, proporcionaron un modelo de realismo crítico contra el que reaccionó la generación conocida como la vanguardia histórica. Las secciones quinta y sexta revisan un tema que anteriores exposiciones del Guggenheim habían tratado: la vanguardia histórica rusa. La quinta sección muestra una selección de obras maestras modernas de las colecciones de los comerciantes moscovitas Serguei Shchukin e Iván Morozov que incluían algunos de los ejemplos más importantes de Impresionismo, Posimpresionismo, Fauvismo y Cubismo; entre los artistas incluidos se encuentran Gauguin, Matisse y Picasso. Estas colecciones ejercerían una gran influencia en la generación de artistas que emergió a comienzos del siglo XX. Sin embargo, los creadores rusos fusionaron las influencias occidentales con sus propias tradiciones como el icono y el arte popular, logrando así una síntesis única. La sexta sección arranca con el arte ruso de aproximadamente 1900 hasta la presentación de obras que pueden calificarse como de Simbolismo ruso. El representante más imponente de esta tendencia es Mijail Vrubel, que realizó obras de temas similares a sus coetáneos europeos pero marcadas por su contexto local, visible en el uso de los temas extraídos del folclore y la literatura rusos. Este arte experimental fue precursor de los pioneros rusos de la vanguardia, muchos de los cuales están incluidos en esta exposición: Natalia Goncharova, Mijail Larionov, Kasimir Malevich, y los menos conocidos Ilia Mashkov, Piotr Konchalovski y Aristarj Lentulov. Como es bien conocido, de este contexto surgieron una serie de movimientos radicales que se sucedieron rápidamente en un corto lapso de tiempo: el Cubofuturismo, el Rayonismo, el Suprematismo, el Constructivismo y otros. Aunque en el pasado se ha dado gran importancia a la abstracción en el arte ruso de comienzos del siglo XX, la exposición también pone de relieve el hecho de que la tradición figurativa continuara viva en un momento en el que los creadores rusos producían algunas de las obras más innovadoras de la historia del arte.
La séptima sección histórica examina la era soviética, íntimamente asociada a la doctrina oficial del arte conocida como Realismo Socialista, que se estableció en 1934. Considerado durante largo tiempo meramente como propaganda o curiosidad histórica, este estilo produjo, sin embargo, artistas de gran talento, tanto dentro de la corriente oficial como fuera de ella. Esta sección presenta a artistas como Isaac Brodski, que pintó muchas de las imágenes más icónicas de Vladimir Lenin y Josef Stalin, junto con otros creadores como Alexander Deineka, cuyos temas permanecieron fieles al comunismo incluso cuando su estilo ya reflejaba no sólo una sensibilidad moderna sino una visión artística verdaderamente singular. Las dos últimas secciones de la exposición muestran los desarrollos del arte soviético que se produjeron entre la muerte de Stalin y el fin de la Guerra Fría. Tras la muerte de Stalin en 1953, muchos artistas comenzaron a explorar enfoques y temas más personales; de ello es ejemplo la representación clara y expresionista de Helio Korzhev de un soldado que ha perdido un ojo en la II Guerra Mundial, o la representación de Ilia Kabakov en libros e instalaciones del "hombre ordinario" soviético tratando de escapar de los límites de su apartamento comunal y de la sociedad soviética en general. ¡Rusia! trata de revelar la pluralidad del arte soviético para cuestionar una de las mitologías más perdurables de Rusia en Occidente: el que el arte ruso de entre 1930 y 1980 sólo se nutre de los mandatos del régimen o de la ideología contra el Estado. Esta sección concluye con una selección de obras de artistas contemporáneos rusos que ponen de relieve la presencia constante y la fuerza del arte ruso en la escena internacional. La magnífica exposición ¡Rusia! va acompañada de un catálogo perfectamente ilustrado que incluye trece ensayos de especialistas rusos y norteamericanos como James Billington, Mijail Shwidkoi, Gerald Vzdornov, Mijail Allenov, Dimitri Sarabianov, Robert Rosenblum, Evgenia Petrova, Lidia Iovleva, Albert Kostenevich, Serguei Androsov, Boris Grois, Ekaterina Degot, Valerie Hillings y Alexander Borovski. Su ámbito hace de esta publicación una de las fuentes más comprehensivas de la historia y el arte de Rusia. Acompaña al catálogo un volumen que documenta las obras de la presentación en Bilbao con textos breves e ilustraciones.
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